Preguntaron a Pablo Casado en el Financial Times si Vox era un partido democrático. No supo qué contestar, como si fuese un caso de corrupción del PP. Un tuitero (@javiroyuela73) lo vio rápido: "Casado no sabe si Vox es democrático. Ni matemáticas".

Casado, si algún día llega al Gobierno, será sumando con Vox, como le pasa al PP de Madrid, de Andalucía y de Murcia. Su silencio ofensivo no es sólo una falta de amor a la verdad (¿qué sentencia condena a Vox de qué?) ni indiferencia por la imagen de España en un país tan prejuicioso como el Reino Unido. Para él tendría que ser, al menos, una cuestión aritmética de prudencia egoísta. Un test de inteligencia para líderes del PP es ver quiénes -a pesar de la moda o la presión interna- esquivan arremeter contra sus futuros (o presentes) socios, sin renegar por ello de las legítimas diferencias programáticas o ideológicas. Los hay. Casado, en cambio, dentro de unos meses estará teniendo que pactar con los que no sabía si eran democráticos. Quedará como Cagancho en Almagro.

Pero en el PP es la estrategia. Cuca Gamarra prefiere al PNV que a Vox en la delegación para representar a España (¡a España!) en la Conferencia sobre el Futuro de Europa. En Cataluña, cooperan para que los independentistas arrebaten a Vox un senador. El mismo Casado que criticaba a Abascal por ir a Ceuta y le lanzó una fatua municipal, ha corrido a Ceuta dos semanas después.

Puede hacerlo porque sabe que su palabra no vale nada. ¿Acaso no se han pasado la vida en el PP rajando de los nacionalistas y pactando con ellos enseguida? En la celebración de la victoria de Aznar se gritaba: "Pujol, enano, parla en castellano" días antes de firmar un pacto en el que se le entregaban de un salto competencias estatales básicas y de regalo la cabeza de Alejo Vidal-Quadras en una bandeja de plata.

El que más nervioso tiene que estar es, por tanto, Teo García Egea. No hacen más que subir el precio de un futuro pacto, que tal vez podría incluir su cabeza. No la pedirá Abascal, que tiene muy poco de Salomé y muchísimo margen para negociar en asuntos más sustanciales.

Casado no bate las marcas de incoherencia del presidente Sánchez; pero se le acerca. Tantas palabras vanas que nadie cree desprestigian la política española. Porque ¿alguien ignora que Casado correrá a pedir los votos de Vox en cuanto los necesite? Sus posturitas y desaires de salón contribuyen al ridículo.

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