Desde la ciudad olvidada

Casas para una ciudad vinatera (IV)

A mitad de la "remasterizada" Corredera, la calle rompe su rectitud, se ensancha creando una especie de plaza de trazado irregular. A un lado y a otro, dos edificios, frente a frente, establecen un diálogo sutil que más bien parece un callado desencuentro. Uno ostenta una de las fachadas neoclásicas más monumentales de Jerez. El otro, más modesto de dimensiones, tiene el atractivo de su enfática portada barroca, movida y ampulosa. Se trata de la casa número 35. Su ubicación central en esa zona ensanchada de la calle no parece casual. La arquitectura doméstica de estos momentos en la ciudad busca amplias perspectivas para mayor lucimiento de sus llamativos exteriores. Es lo que persiguen con insistencia propietarios y arquitectos. En este caso, conocemos el promotor de esta construcción y suponemos el nombre de su tracista.

A finales de 1769 Francisco de Celis compra un inmueble en estado ruinoso y lo derriba para levantar una vivienda "de nueva y primorosa fabrica", como él mismo la califica en la documentación. La muerte de su esposa en 1771, sin haberse completado las obras, obliga a elaborar una partición que nos aporta jugosos datos sobre estas. Así sabemos que se concluyen aquel año, estando a cargo de las tareas finales el carpintero Antonio Terrón. Apreciando los trabajos figura Juan de Bargas, muy probable autor del proyecto, por las estrechas semejanzas que presenta la fachada con la del palacio Bertemati, donde la labor de Bargas está confirmada esos mismos años.

Este Francisco de Celis, de origen montañés, labrador y ganadero, no se dedicó a la industria del vino pero tuvo contactos confirmados con pioneros bodegueros como Juan Haurie y Pedro Agustín Rivero, padre de su segunda mujer. Sus ansias de promoción social le llevan a hacer esta casa, que pronto se convertirá en un modelo a seguir.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios