Ya sé que estamos en campaña electoral, pero a la hora de escoger tema para el artículo semanal repaso las listas de candidatos y los programas electorales que nadie cumplirá y opto por escribir sobre un tema que nunca me atrajo demasiado como es el Pregón de la Semana Santa de Sevilla. Aunque quien escribe a toro pasado juega con una cierta ventaja, también tiene la virtud de hacerlo en frío, asentados los méritos y moderadas las sensaciones.

Tenía razón nuestro arzobispo cuando animó a Charo Padilla a dar el paso adelante y decir sí a pronunciar el Pregón de la Semana Santa de Sevilla. En una ciudad en la que abundan los pregones, habría que añadir a aquello de Muy Noble y Muy Leal lo de Pregonera. Sevilla es la capital mundial de pregones. Los hay para todo y son infinidad los sevillanos que aspiran a dar alguno que le facilite adquirir notoriedad en una sociedad que valora ciertas nimiedades como si fuesen cosas excepcionales. Son muchos los sevillanos que tienen dentro su pregón y aprovechan la menor oportunidad para lanzarlo al resto de la humanidad, ya sea en una hermandad, una tertulia cofrade o una asociación de vecinos.

Conozco a Charo Padilla desde principios de los ochenta cuando ella era una joven periodista que entrevistaba sobre temas médicos al igualmente joven dermatólogo que esto escribe. La amistad fue aumentando por razones de vecindad y, sobre todo, de afinidad con ella y su marido, el excelente compositor Manuel Marvizón. Según los entendidos, el pregón debe ser capaz de aflorar los sentimientos, pero para ello no todo el mundo tiene recursos. Hay personas con facilidad para escribir o pintar y otras tienen el don de la palabra. Y Charo Padilla es una profesional de la palabra que sabe decir las cosas y es capaz de conmovernos sin perder la naturalidad.

El Pregón de Charo ha sido el de la verdad de la calle, el de los sentimientos más nobles y el de la realidad de una ciudad que pervive en los barrios en tanto el centro se convierte en un parque temático. Sevilla es algo más, mucho más, de lo que recogen las guías turísticas. Hay más Sevilla en El Cerro, San Pablo, el Tiro Línea o Bellavista que en el centro desfigurado por franquicias, heladerías y tiendas de baratijas para turistas. Gracias, Charo, porque tu voz amiga nos ha contado la verdad de Sevilla, esa Sevilla eterna que pervive en personas humildes y sencillas.

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