DIARIO DE JEREZ En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Según el Diccionario de la RAE, un recluso es aquella persona encarcelada y reclusión es el encierro o prisión voluntaria o forzada, así como el sitio en el que uno está recluido. El confinamiento es una pena aflictiva consistente en relegar al condenado a cierto lugar seguro para que viva en libertad, pero bajo la vigilancia de las autoridades. Es decir, son cosas parecidas, pero no idénticas. ¿Y en qué situación estamos? Aún sabiendo las diferencias, para mí estamos en una mezcla de las dos. Por un lado, llevamos casi dos meses en reclusión forzada y, por otro, estamos privados de libertad, bajo vigilancia y sospecha permanente.

Lo que preocupa no es el hecho de permanecer en un lugar, aislado del resto de la humanidad y sin poder salir por otros motivos que no sean los más primarios, sino lo que se cuece a oscuras con la persistencia de esta situación. Si no es posible confirmar la existencia de una confabulación oculta, tampoco parece que todo sea tan simple como la mutación transmitida por murciélagos y pangolines. La Historia tratará de explicar las auténticas causas, pero en el presente reina la propaganda y la confusión, y para el futuro sólo se adivina la incertidumbre.

Esta situación que no creo que nadie pensara conocer, nos debe hacer reflexionar sobre realidades más dramáticas que se viven en muchos lugares del planeta. Los que estamos, o estábamos, instalados en la cómoda y segura sociedad del bienestar, hemos sido sorprendidos por una pandemia que no acabamos de creer y que nos ha hecho reconsiderar nuestra sociedad, nuestra vida privada, incluso sentir cercana la muerte. Y esto se queda en nada si se piensa en la cantidad de seres humanos que pasan hambre, que son presa fácil de enfermedades curables, que huyen de bombardeos que si no les matan destruyen sus casas, que se ven abocados a vivir en campos de refugiados sin las más mínimas condiciones de higiene y salubridad. Sin duda, se cambiarían inmediatamente por nosotros que podemos salir a pasear perros, acompañar las salidas de los niños, ir a la farmacia y salir a comprar alimentos u otras cosas de primera necesidad. Pueden faltar las exquisiteces y las modas de temporada, pero no nos han faltado el pan ni otros alimentos básicos como carne, pescado, huevos, patatas, pastas o fruta. Quien no se conforma es porque no quiere, pero no pinta nada bien el futuro cercano.

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