Su propio afán

Conmoción y cesura

También es corrupción ser racista, saltarse la Constitución, predicar la insolidaridad

En principio, la moción de censura es legítima y constitucional, sí, pero bastante falsa. El detonante de la sentencia de Gürtel ha sido poca mecha para tanto explosivo. Por eso la impresión es que el bombazo va a coger a todos (vencedores y vencidos) (antes o después) por medio. Un caso de corrupción de hace años, que no condena ni al PP ni al presidente, aunque les hace graves reproches morales y civiles, no justifica por sí mismo que se tumbe a toda bulla un Gobierno pactando con churras y con merinas y, encima, en las presentes circunstancias políticas de España.

En realidad, la justificación que todos sugieren es otra: la percepción decierto vago fin de ciclo o la pasividad de Rajoy, que ha terminado exasperando a propios y a extraños. Pero, pensando así, escogieron como cobertura formal una justificación especialmente desafortunada. La corrupción campa por igual en los dos lados de la moción. No hay ninguna cesura de honradez en la cámara. Y se habla sólo de la corrupción económica, porque si hablásemos de la ideológica o de la lógica, tendríamos que recordar que también es corrupción ser racista, saltarse la Constitución, predicar una insolidaridad rampante o haber justificado el terrorismo. Aún más: usar la corrupción de un modo tan instrumental es, en buena medida, una corrupción (la de confundir los medios con los fines) que no hace ningún bien a la propia lucha contra la corrupción.

En verdad, tampoco esa justificación más o menos tácita es la justificación auténtica. Hay una corrupción que lo impregna todo porque se viste esta moción de censura como kantiana, oh la razón pura y la ética, cuando la rige Hobbes, y la lucha despiadada por el poder, igual a ambos lados. ¿Por qué pacta Sánchez con quienes hace nada decía que no iría ni a la esquina y quieren destruir España? ¿Por qué no dimite Rajoy, se preguntan asombrados todos los que no conciben que regale el gobierno pasivamente (ejem) a un Frankenstein? Pues Rajoy no lo hace por las mismas razones por las que Pedro Sánchez se afana: porque no quieren dejar pasar el poder y son lobos entre sí o, en metáfora que prefería Shakespeare, peces que se devoran unos a otros según el tamaño y la oportunidad.

En el fondo, no hemos asistido a una moción. Más bien hemos sufrido una conmoción. Pocas veces se ha visto tan claro. Un velo se ha rasgado y hemos visto a casi todos nuestros políticos tal y como son.

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