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Crisis sobre crisis

Nuestros gobernantes son políticos con exclusividad de un modo incompatible con cualquier otra función

SE me cruzan dos temas para el artículo de hoy. Por un lado, los rumores crecientes de ruptura de Pablo Iglesias… con Pedro Sánchez; por otro, la constatación de que el Gobierno está administrando esta crisis según criterios predominantemente políticos. Ando indeciso hasta que caigo en que son dos temas, pero la misma cruz que tenemos encima los españoles.

En esta crisis se solapan al menos tres gravísimas: la sanitaria, exacerbada por la imprevisión y la negligencia que hacen que España tenga los peores índices del mundo; la económica, que viene detrás; y la política, que caerá por su propio peso en cuanto empecemos a echar cuentas y no cuadren. Los que saben de comunicación explican las intervenciones del presidente y de los ministros y muchos de sus movimientos (como su afán por controlar la información, amenazando por tierra, mar y aire con sanciones) como desesperados intentos de sortear la tercera crisis. ¡La tercera, la política! Por sus actuaciones, parece la preocupación prioritaria, por encima de gestionar con eficacia la adquisición de material para los sanitarios o las pruebas rápidas que permitirían rebajar un confinamiento que socava nuestra economía.

Nuestros gobernantes son políticos con exclusividad de un modo incompatible con cualquier otra función. No vieron venir la crisis precisamente porque estaban concentrados en sus disputas, ministerio arriba, ministerio abajo, o en sus grandes eventos propagandísticos; y ¿siguen en sus trece?

Por eso la ruptura entre Sánchez e Iglesias será irremediable. Hace unas semanas comenté que la única opción de Sánchez de salvar su cabeza era ofrecer la de Iglesias en bandeja de plata. Estas cosas suelen ser mutuas, e Iglesias verá, que si le van a cortar su cabeza, a él, que no se corta ni la coleta, mejor quitarla, y, además, prepararse para vender a su electorado que rompe con Sánchez porque no ha gestionado bien y, sobre todo, porque no ha hecho una gestión suficientemente «social».

Será la prueba del algodón de la tesis de este artículo. Si ambos piensan en coordenadas exclusivamente políticas, romperán su unidad de acción cuando políticamente sea lo que más les interese. Por supuesto, a la crisis sanitaria le interesaría que no se le detrajese ni una gota de atención. A la crisis económica, le vendría bien un gobierno firme y con mucho más sentido común, que se anticipase a lo que viene. Pero ya veremos.

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