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Cambio de sentido

Crítica de la sinrazón pura

A muchos les importa más defender a Agamenón o a su porquero que a la verdad y a la razón común

Comienzo a pensar que todo está calculado, que la incoherencia, el disparate y la pantomima forman parte de la estrategia de ciertos políticos. Es línea dura de comunicación, arriesgada, de alto perfil y juego sucio, pero funciona. Ya no consiste en poner contra las cuerdas la verdad (lo de los bulos y fakes ya nos lo sabemos). Tampoco consiste sólo en remover lo emocional frente a lo racional, eso se hace desde antes del fascismo clásico. Se trata ahora de desafiar dos grandes límites: el del pudor y el de la lógica. Que el comportamiento o las declaraciones de algunos políticos nos den vergüenza y sean a todas luces contradictorias es algo a lo que los populismos de todo signo, a nivel internacional, nos han acostumbrado desde hace tiempo, pero que en este momento histórico de shock nos trae absolutamente noqueados. Misión cumplida: hemos admitido la crispación y el delirio como animales de compañía. Desde siempre, las mentes más elementales imitan la sinrazón (sinrazón pura, no opinativa, falacias, sofismas y dislates en toda regla) en sus palabras y comportamiento.

El principio de no contradicción es uno de los básicos de la lógica que ya hemos dado por perdido. He escuchado a nostálgicos de la dictadura quejarse -en vez de celebrar- de que actualmente viven una dictadura. La falacia tu quoque es, junto con la ad Hominem, el último grito. Un poner: si me indigno al contemplar el posado de Díaz Ayuso como una madonna a lo Madonna, habrá quien me salte con que Sánchez también se retrató ridículamente, como si acaso la pose caricata de éste validara la de aquélla en estas circunstancias; o acaso la misma cosa me pareciera bien o mal según quién la haga. Lamentablemente, para muchas personas ahora importa defender a toda costa a Agamenón o a su porquero más que a la verdad y a la razón común. Aún así, estoy segura de que hay miembros destacados del partido de Díaz Ayuso, presidentes autonómicos de su mismo signo, y personas de ideas conservadoras que los votan, que se sienten contrariados ante su estrategia alocada y frentista.

Me resisto a tragar sin masticar los disparates. ¿Qué será lo siguiente, ver entonar el Bella ciao con la mano levantá?, ¿que el marqués de Leguineche pase en su descapotable gritandito libertad? Ante la sinrazón, quizá sólo nos quede delirar con lucidez, pintar (ay, Goya) caprichos y disparates, escribir (ay, Ramón María) el desgarrador esperpento.

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