Cuarenta años ya

La Constitución Española de 1978 cumple cuarenta años y está sufriendo los achaques propios de la edad

MI promoción universitaria es la de 1972 a 1978. Fechas emblemáticas. Abarca los tres últimos años de vida de Franco y los tres siguientes que marcan lo que se ha dado en llamar la Transición. Aquellos años la universidad española fue un polvorín; un día sí y otro también las asambleas y las manifestaciones impedían el desarrollo normal de las clases, cuando no aparecían policías a caballo por el campus universitario que no tenían el más mínimo reparo en penetrar en las aulas.

Los que vivimos aquellos acontecimientos de primera mano gozamos de una perspectiva que, quiérase o no, influye de forma decisiva en la idea del mundo que nos hemos ido forjando. El escepticismo nos domina y se aplaca irremediablemente la ilusión cuando recordamos quiénes eran y quiénes son los que, imbuidos por los postulados del Mayo Francés y la Primavera de Praga, creían que estaban descubriendo el mundo, cuando lo que realmente descubrían era el suyo, porque el mundo ya había sido descubierto y la historia está llena de episodios similares. La edad y los cargos harían el resto moderando comportamientos y modificando opiniones. He conocido a muchos que han recorrido el arco parlamentario de un extremo a otro como si de un señor Verstrynge cualquiera se tratase.

La Constitución que fue aprobada masivamente en un referéndum del que hoy se cumplen cuarenta años está acusando, como vieja achacosa, el peso de la edad. La memoria, que tanto se necesita y que tan poco se cultiva en los actuales planes de estudio, va dando paso con el tiempo al olvido. Los historiadores deberían ser los encargados de que el pasado no se olvidase y que el legado de épocas anteriores permanezca para conocimiento de generaciones futuras. Pero, ¡ay dolor!, la historia es una ciencia inexacta, tanto más cuanto más cercana, al estar sujeta a presiones e intereses. Siempre habrá plumas generosas dispuestas a tergiversar y venderse al mejor postor.

La Constitución Española de 1978 cumple cuarenta años y está sufriendo los achaques propios de la edad. Los que no han conocido el pasado y hablan solo de oídas están descubriendo el mundo como si nadie antes lo hubiera descubierto. Y entre la ignorancia y la prepotencia, están creando un clima de desconfianza que dificulta la convivencia. Ni les suena que Lope escribió hace muchos años una obra titulada El perro del hortelano, que ni comía ni dejaba comer.

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