Tribuna Cofrade

Susana Esther Merino Llamas

Sed de Salud

DURANTE esta bendita Cuaresma, que está a punto de darnos –no un beso de despedida- pero sí ese ‘hasta luego’ que se nos hará eterno, las calendas se han ido deshojando a la misma vez que el azahar se ha encargado de alfombrar nuestras calles y nuestras plazas con ese blanco pureza que abriga la Misericordia de una Madre.

Y es que cuando la primera Cruz de Guía de la ciudad, los primeros antifaces y las primeras navetas de incienso están a punto de abrirnos las mismas puertas de la Gloria para que la bendita ensoñación se haga realidad, es el momento en el que las distintas advocaciones de nuestro Señor Jesucristo y la Santísima Virgen María se nos arremolinan en los centros de nuestros sentimientos.

El Cielo bruñe sus añiles para derramarse sobre las torres y  las espadañas. Pero este año nuestros días santos ensancharán sus corazones para dar entrada a dos lirios encendidos, dos crisoles que harán que postremos a tierra nuestras rodillas a su paso. La jornada del Lunes Santo, ese día en el que el rictus de la muerte se hace majestad entre los muros catedralicios, la corona del escarnio reposa sobre las manos suplicantes de la Virgen de los jesuitas y desde La Plata y La Constancia Dios se hace Misericordias y Paz mientras que la feligresía de San Marcos se reviste de gala junto al Señor de la Cena, desde Puertas del Sur, el carisma de Santa Teresa de Calcuta llegará hasta la Santa Iglesia Catedral con el mismo Hijo del Altísimo cosido al recio madero. La presencia del Santísimo Cristo de la Sed, faro y guía del buen saber hacer, de efigie pluscuamperfecta, vivo y valiente, se alzará sobre nuestro particular calvario adueñándose de nuevos Padrenuestros, de nuevas oraciones entrecortadas y de nuevas miradas empapadas de gratitud que volverán con Él de regreso, justo antes de que la madrugada del Martes Santo vuelva a abrir los goznes de la Gracia.

Goznes y cerrojos que despabilarán para hacer realidad este mismo Martes Santo, ese sueño que tanto y tanto se ha ido acunando desde los tuétanos de la Parroquia de San Rafael. Desde allí, el Señor de la Salud, el que es mascarón de proa de una devoción sin límites y a su vez desconocida, se plantará en los medios  de un Jerez, donde cuajará, a buen seguro, una faena de esas que quedarán para ser recordadas eternamente. Él, en el abrazo a su Cruz nos llevará prendidos a cada uno de nosotros con nuestros miedos, nuestras duquelas y también con nuestras ilusiones. Esas mismas ilusiones que han sido el motor para que la cofradía de La Salud de San Rafael desgrane con la sencillez de su catequesis, la grandeza de las almas que pisarán los mármoles del primer templo jerezano mientras que el Señor de clavo y canela, el Alfa y la Omega de los hombres reciba sus preces de rigor.

Y porque tenemos Sed de Salud, ya lo saben, el Lunes y el Martes Santo tendremos un nuevo regalo de Dios.

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