En tránsito

Decadencia

Parece que China va a ocupar el lugar que deja vacante Estados Unidos, y eso no será más favorable para nosotros

Hay gente que se alegra de la derrota de los norteamericanos en Afganistán -porque, se mire como se mire, ha sido una derrota, y además una derrota con un final bochornoso-. Es cierto que los norteamericanos cometieron errores imperdonables en Afganistán, al igual que ha ocurrido en todos los países donde han intentado imponer su visión del mundo. Los norteamericanos están tan convencidos de su superioridad económica y moral que ni siquiera hacen el esfuerzo de ponerse en el lugar de esos pueblos casi siempre pobres y atrasados a los que supuestamente van a rescatar del atraso y la miseria. Eso es indiscutible. Pero al menos los norteamericanos defendían -hablo en pasado porque ese tiempo se ha acabado- unos ideales que nadie debería poner en cuestión: la libertad, la democracia, la autonomía personal. Por supuesto que las querían imponer a bombazos y que solían aliarse con dictadores y con canallas. Y por supuesto que siempre defendían sus intereses económicos y su estrategia global. Pues claro que sí. Pero la pregunta es: ¿será mejor el nuevo mundo con una Norteamérica en declive, asustada, impotente, casi en quiebra económica y con la moral por los suelos? ¿Será mejor un mundo donde no exista la paz americana, por sangrienta que fuera esa supuesta pax?

Parece que no. Todo parece indicar que China va a ocupar el lugar que deja vacante Estados Unidos, y no hay ninguna razón para pensar que la pax sinensis vaya a ser más favorable para nosotros.

Los líderes chinos piensan las cosas a largo plazo -a muy largo plazo- con una visión puramente comercial y estratégica. No tienen que ganar elecciones y no tienen que dar cuentas a nadie. Combinan el autoritarismo despótico del Partido Comunista con una visión ultraliberal de la economía. Sus dos únicos objetivos son el beneficio económico -al coste que sea- y la obediencia absoluta a la autoridad indiscutible del gobierno (es decir, del PCE, que viene a ser una especie de colegiatura de mandarines dirigida por un emperador disfrazado de hombre de la calle).

Para China, la libertad política, la democracia representativa o los derechos humanos son tonterías pequeño burguesas que no tienen ningún valor. Pero China es rica y poderosa y no tiene miedo de imponer su estrategia en todo el mundo. No, no vamos a salir ganando con la derrota de Norteamérica.

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