la columna

Bernardo Palomo /

Desajustes pasionales

La Semana Santa da para mucho. Los estudiosos de la sociedad pueden escribir varias tesis doctorales sobre una tarde cualquiera en las calles de las ciudades. Ya se ha escrito y pontificado hasta la saciedad los desajustes sociales, existenciales, cofradieros, lingüísticos y todo lo que ustedes quieran sobre lo que ocurre alrededor de los pasos. A mí me gustaría saber por qué los nuevos costaleros -costalero viene de costal que es una espuria importación y una moda que todavía no nos explicamos muy bien por qué se está asumiendo con fuerza en el seno de algunas cofradías- se ponen la ropa -el costal en el argot de la gente que va debajo de los pasos- por debajo de los ojos y se pasean alrededor de los pasos para que la gente contemple su patética ceguera. Las nuevas Hermandades están asumiendo demasiadas posturas extrañas. Me temo que sus consejeros, creídos pontificadotes de poco, están haciendo flaco favor en la andadura histórica que ahora comienzan. También me gustaría saber por qué se autorizan desde las Juntas de Gobierno las imposturas lingüísticas de nuestros capataces, las jaculatorias ripiosas imitando a Martín Gómez, el querer hacerse notar sin ton ni, el darle los pasos a cualquiera, el poner en la dirección de cofradías a gente que sólo ha visto la Semana Santa por Onda Jerez, el admitir en los cortejos nazarenos acompañantes de otras corporaciones con dudosas cartas de hermandad. Quisiera, asimismo, decirles a aquellos que han oído que lo tradicional es ver las cofradías siempre en un mismo lugar, que el verla siempre detrás del mismo palco ni es tradicional ni edificante; es aburrido, poco clarificador, nunca van a conocer bien la Semana Santa y si, además, llevan dos niños con tambores, van a conseguir que los abonados al palco sufran de sordera, de los nervios y hasta que pueden ser inductores de algo más grave.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios