la tribuna

Lourdes Alcañiz

EEUU: la campaña se calienta

EL verano se ha presentado caluroso en Estados Unidos y la temperatura electoral no ha contribuido a refrescar el ambiente. Los respectivos aparatos de campaña de Romney y Obama han estado echando un pulso para ver quién consigue mantener en las antenas del público el tema que puede hacer más daño al adversario. En el caso de Romney, los trabajos que el presidente no ha creado, y por parte del presidente, el historial de cuentas en Suiza, turbiedad fiscal, despidos a granel y otras supuestas oscuras maniobras del candidato republicano.

Mitt Romney es ya el candidato oficial republicano a próximo presidente de Estados Unidos, confirmado y bendecido en la reciente convención republicana. Su elección de Paul Ryan como candidato a vicepresidente ha sido otra forma de reforzar el mensaje económico. Ryan preside el comité presupuestario en el congreso de la nación, muy preocupado con reducir la enorme deuda estadounidense, y otro lado por donde darle a Obama, además del paro.

Romney se presenta ante el público americano como "el hombre que va a arreglar el problema". ¿Por qué? Porque en el pasado su fuerte fue rescatar grandes compañías en mal estado, para ponerlas de nuevo a producir beneficios. Y al grito de "¡Obama nos ha fallado!" el candidato republicano quiere definirse como el rescatador-empresario que entiende qué es lo que se necesita para arrancar la economía.

El problema es que Romney no está conectando con la gran clase media norteamericana precisamente por ser quien es. Romney tiene dinero, mucho dinero: casas, coches, establos y cuentas en Suiza. Es decir, es miembro honorario de ese 1% que constituye la clase privilegiada y contra la que la clase media americana tiene un gran resentimiento. O en palabras de la campaña demócrata: "Mitt Romney no va a arreglar ningún problema, porque él es el problema". Clara referencia a las avaricias y especulaciones cometidas por buena parte de los integrantes de ese club en los años previos a la Gran Recesión, y que son ahora parte de la memoria colectiva de la clase social que ha pagado el pato.

Pero además de gastar dinero de campaña en anuncios recordando al electorado que Romney es un privilegiado que se ha inflado a despedir gente cuando dirigía sus compañías modelo, Obama le está diciendo al electorado: ¿Lo vamos a dejar ahora? ¿Ahora que estamos tan cerca de despegar con todo lo que hemos invertido? Con Romney vamos a deshacer lo hecho, a empezar de nuevo, y en definitiva a estar mucho peor. De hecho, según muestran las encuestas, hay muchos votantes que a pesar de estar altamente descontentos con la economía tienen un voto de lealtad con el presidente. No sólo de los votantes negros, sino aquellos que se identifican con el histórico avance que supone un presidente afroamericano en la Casa Blanca.

Si Romney no consigue convencerles de que no se sientan culpables por no votar al presidente (no parece que sea el caso por el momento), y de aquí a noviembre la economía despega aunque sea un poquito, es bastante posible que Obama permanezca en su sillón. Romney no es un candidato que brille por su propia cálida aura, con un sólido programa y una base de seguidores en su propio partido republicano. Las bases republicanas son evangélicas y apenas si pueden tragar el que Romney sea mormón. Pero todo antes que seguir cuatro años más con Obama.

Sin embargo, si la economía sigue sin crear puestos de trabajo significativos para noviembre y lo que el electorado ve en el horizonte es otro mandato de lo mismo, entonces la propuesta Romney puede parecer más apetecible. Los votos que se están peleando son como siempre los indecisos. Ante estos votantes, y a falta de unos resultados económicos tangibles, la campaña demócrata está jugando la carta del más vale malo conocido que bueno por conocer, unido a la filosofía de las máquinas de los bares del "he metido tanto ya que algo tiene que salir. No voy a dejarlo ahora". El lema demócrata es Forward, que se traduce como adelante, pero que en este contexto suena más bien a Seguimos. Y el republicano, Esto no puede seguir así.

Un gran frente de batalla a la hora de modelar la percepción de estos mensajes está siendo Internet. En este campo, los demócratas llevan definitivamente la delantera con sofisticados recursos para dar respuestas personalizadas y tener contacto prácticamente uno a uno con votantes y voluntarios. Pero con todos los millones gastados hasta ahora en la guerra electoral, al final probablemente será la percepción que demócratas o republicanos puedan crear de los datos económicos de último momento, lo que incline la balanza hacia uno u otro campo.

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