Ojo de pez

pablo / bujalance

Echar al malo

SI en algo se parece la política a la vida, es que los partidos sólo parecen tomar conciencia de sí mismos cuando disfrutan del éxito. El batacazo del PSOE ha hecho más honda su crisis de identidad (el PP tampoco ha salido precisamente bien parado a pesar de la victoria, pero una de las grandes virtudes de la derecha es que siempre parece tenerlo claro) mientras la otra izquierda se ha venido arriba gracias al beneplácito que le han concedido las urnas. En consecuencia, el discurso (llamémoslo así) de IU y Podemos se ha hecho más contundente en los últimos días, mientras que la habitual presencia de Pablo Iglesias en televisión ha servido para popularizar algunos términos como el de casta, empleado como arma arrojadiza repleta, claro, de connotaciones desagradables. Pero en política, como dejó claro Shakespeare en Julio César, todo es una cuestión de lenguaje. Y si al menos un sector de IU ya venía empleando una jerga belicosa y peleona para llamar a la ciudadanía a la movilización, el registro parece haberse asentado como marca de la casa también en Podemos. Ya no se trata de ganar unas elecciones, sino de "echar a la casta", como si quienes gobiernan lo hiciesen ilegalmente. Un tío mío decía poco después de las últimas elecciones generales: "No, si ahora parece que nadie ha votado aquí al PP". Pues eso.

Claro, el lenguaje empleado no es gratuito: la gente en la calle está harta de tanto gaznápiro y llevar el tono de la barra de bar a la arena dialéctica también reporta réditos electorales. Es cierto que existe una clase apoltronada de políticos enriquecidos a base de no hacer nada, o directamente de quedarse lo que no es suyo. Pero también lo es que lo que España necesita es una profunda reforma de la administración pública que garantice la máxima transparencia en todos y cada uno de los procesos, independientemente del partido que gobierne; y me parece que IU y Podemos están poniendo mucho el acento en expulsar a los malos, pero no tanto en esta materia. Además, quién sabe, igual queda algún político honrado. Ésos a los que esta izquierda quiere echar han sido puestos ahí por los ciudadanos, se hayan equivocado o no. Pero lo más difícil del juego democrático sigue siendo, cuarenta años después, aceptar que otros pueden pensar de otra manera con el mismo derecho.

En una entrevista reciente en El País, al ser preguntado por los presos cubanos, Willy Meyer decía lo siguiente: "Si yo viviera en un país sometido a un bloqueo, también pediría que se actuara con dureza". ¿Cómo se puede afirmar esto y quedarse tan tranquilo? Si las miradas pudieran matar...

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