Arquitectura La belleza intangible

Ramón González de la Peña. Arquitecto

Edificios impropios

DESPUÉS de muchos años de desinterés y desidia por parte tanto de las administraciones como de los ciudadanos, con el inicio de la instauración de la democracia en España y la llegada de nuevas ideas y prometedoras ilusiones a los ayuntamientos, se volvió la vista hacia los centros históricos de las ciudades. Antes, desde el año 69, la nuestra contaba con el primer Plan General de Urbanismo que se desarrolló a partir de la aprobación del Texto Refundido de la Ley del Suelo de 1956. Redactado por Pablo Arias, catedrático de urbanismo en la Escuela de Arquitectura de Sevilla, este plan no sólo no establecía medidas de protección del centro histórico sino que contenía determinaciones que provocaron heridas que todavía hoy son reconocibles en la ciudad, como por ejemplo, la demolición del Palacio del Marqués de Salobral que presidía la alameda Cristina en su frente norte y la separaba de la plaza del Mamelón, o los retranqueos obligatorios en calles consolidadas, tan visibles en algunas como las de calle Medina o calle Arcos.

Desconozco si la definición contenía algún matiz despectivo. Por la actitud que mantenía alguno de los miembros del equipo contratado para la elaboración del documento se podría deducir que sí. Eran jóvenes arquitectos de fuera que colaboraron con uno de los más afamados urbanistas del momento, el arquitecto Javier García Bellido, contratado por el Ayuntamiento para realizar un trabajo que sería pionero en la protección de los centros históricos de aquella España que iniciaba una nueva andadura democrática. A principios de los años 80 se aprobó definitivamente el Plan Especial de Reforma Interior del Casco Antiguo de Jerez, que fue conocido popularmente como 'el Peri'. Atendiendo al principio de acción y reacción, el Peri respondió a la desidia anterior con un planteamiento hiperproteccionista, calificando cualquier edificio que tuviera más de 50 años como "edificio protegido" con independencia de su interés arquitectónico, y dentro de la protección estableció tres niveles: Protección ambiental, estructural e integral eran los niveles que se aplicaban a cada una de las edificaciones que se consideraban dignas de permanecer de una u otra manera. Esa toma de posición extremadamente conservacionista y exageradamente proteccionista cercenó la posibilidad de realizar proyectos en el centro histórico con un lenguaje arquitectónico del momento y dejó también sin futuro viable a los realizados desde los años 60, pues la mayoría quedaron en situación de "fuera de ordenación", calificándolos como elemento o edificio impropio, sin establecer tampoco criterios de calidad de dichas edificaciones realizadas, cuya maldad consistía en haber sido construida utilizándose un lenguaje moderno, propio de la época, y por tanto muy desvinculado de la aparentemente homogeneidad que la ciudad histórica presentaba.

Muchos fueron los edificios considerados impropios y entre ellos algunos de arquitectura ciertamente valiosa como el del antiguo Banco de Vizcaya en la esquina de la calle Larga con la plaza del Banco, los almacenes Xefar (hoy sede de Onda Jerez) en la calle Caballeros o el de los Almacenes Rianal, edificios que representan con suficiente calidad la etapa dispersa pero fecunda de los años 60, que afectó a la arquitectura en igual medida que al mundo de las artes y de la cultura en general.

En los años transcurridos desde entonces algunos de aquellos edificios han sido "adaptados a la normativa" con desigual fortuna. Pocos, en mi opinión, han mejorado tras las obras de normalización mientras que la mayoría han recibido una especie de maquillaje pseudohistórico por el que perdieron su verdadera esencia y quedaron a medio camino de nada.

La arquitectura de las ciudades a lo largo de la historia se edificó superponiendo los hallazgos de cada época, las tecnologías sucesivas, los estilos que éstas propiciaban, actuando como un crisol que en conjunción con el tiempo lograba dar unidad y coherencia a todo lo construido con anterioridad.

Han pasado más de 35 años desde que dieran comienzo los trabajos de elaboración de aquel Plan Especial de Reforma Interior que aspiraba a recuperar nuestro centro histórico, un número suficiente de años que permiten mirar con otra perspectiva tanto los objetivos a perseguir como esos edificios de incipiente y modesta modernidad que se realizaron en nuestra ciudad a partir de los años 50 hasta la llegada de la democracia en que apareció la Postmodernidad que puso fin al período "moderno". Podemos mirar ahora estos edificios de una manera menos condicionada, más libre y sobre todo atendiendo a su interés arquitectónico. Son un puñado de edificios realizados por arquitectos cuya valía profesional está perfectamente contrastada. Son edificios que merecen integrarse con decisión definitiva en la normalidad urbanística, concediéndoles el adjetivo de "apropiados" que siempre debieron tener.

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