Línea de fondo

Santiago Cordero

Santiago.cordero@jerez.es

El gol

Luis Suárez pidió perdón por su tanto al Barça

La máxima expresión del fútbol es, sin lugar a dudas, el gol. Es el motivo por el que se juega, es lo que se busca, es el momento del éxtasis. Incluso cuando vas perdiendo por goleada, un gol propio se considera como el gol del honor. La afición estalla de alegría, ya sea en un partido de pretemporada o en una final. Si encima es bonito, ni te cuento. Por supuesto que cada tanto encajado en tu portería duele como una puñalada, esta es la cruz de cada gol. Unos gritan de alegría, mientras que otros lo sufren.

El gol, para el que lo mete, es motivo de alegría desde pequeño, de ahí que el gesto involuntario más habitual sea levantar los brazos. Pero de un tiempo a esta parte, el marketing y lo políticamente correcto se han adueñado de la expresión más bonita que tiene el fútbol. Las grandes estrellas, que tienen logos propios, suelen crear un estilo de celebración de gol que sea personal y lo engrandezca como producto. Por supuesto, que en esta forma propia de ceremonia los compañeros están de más. La quintaesencia del egoísmo marketiniano tras marcar un gol sería Cristiano Ronaldo con su saltito en giro, movimiento de brazos y su ‘Shiuuuu’ gritado al cielo. Creo recordar que hubo un tiempo que en cada gol, el anotador levantaba los brazos y sus compañeros lo buscaban para abrazarse y hacer una piña.

Pero hay un tipo de celebración, más absurda aún, la no-celebración. El pasado sábado Luis Suárez pidió perdón por su gol ante su anterior equipo. Se supone que es un acto de respeto por la que fue su afición y por los que fueron sus compañeros. Lo que viene a ser un gesto políticamente correcto. El uruguayo, que es puro nervio en un terreno de juego, se pelea con su sombra si es necesario. Capaz de morder en la oreja a un contrario, y sin embargo, pidió perdón por marcar un gol. Menos mal que lo echaron del Barça con malas artes, porque si llega a irse por la puerta grande es capaz de fallar para no marcar por respeto.

Otra cosa es celebrar un gol en el que haya un cierto menosprecio o de cachondeo al rival y a su afición. Ejemplos hay muchos, desde cortes de margas tipo Luis Enrique, a deditos en la boca mandando callar al estilo de Raúl, o bailecitos hacia la grada cuando vas goleando en campo ajeno. Eso no está bien, pero pedir perdón me parece tanto o más fuera de lugar que el menosprecio. El gol es siempre motivo de alegría para el que lo marca, para el equipo y para su afición.

Entre la pandemia, la falta de trabajo, el precio de la luz, las penurias de tantas personas, encima vamos a pedir perdón por un gol. Por favor, hasta ahí podríamos llegar, hay mucho hipócrita suelto. La vida te da pocos momentos de alegría, disfrutemos de todos y cada uno de ellos sin un falso pudor.

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