La tribuna

giner Iglesias / Cedis Andalucía

Elogio del federalismo sencillo

A Anselmo Carretero, Jordi Solé Tura y Gregorio Peces-Barba, in memoriam.

A Ramón Jáuregui, socialista vasco del PSOE.

ESTADO Federal, Federalismo, Nación, Nacionalidades, Nación de Naciones, Soberanía, Autodeterminación, Derecho a decidir…Todas ellas son palabras y expresiones sobre las que estamos hartos de oir discutir; todas son instrumentos dialécticos que son utilizados ya sea como armas arrojadizas, ya sea como presuntos banderines de enganche; todos son gritos lanzados al aire de las multitudes o soflamas proclamadas desde los distintos púlpitos a los que se encaraman los más diversos muftis de las muy variadas religiones identitarias…Al final, lo de siempre: la cabeza caliente y los pies fríos. Unos por otros, y la casa por barrer.

Decía, en 1980, Anselmo Carretero, castellano viejo, ingeniero, oceanógrafo, republicano, socialista exiliado en México, defensor de la identidad de Segovia y proponente del superior carácter unificador de España, que "en España, donde con excesiva frecuencia se discute por las palabras con relegación de los conceptos, suele darse mucha importancia al nombre de las entidades componentes del Estado Federal". Dijo, en 2011, Gregorio Peces Barba, madrileño, constitucionalista, cristiano y socialista, Padre de la Constitución y hombre de una humanidad absolutamente capaz de integrarlo y absorberlo todo, que "en España no hay más que una nación soberana, aunque puede haber más naciones culturales". Y, algunas de ellas, con derechos históricos, y con pasado político independiente, y con otras señas de identidad o hechos diferenciales, decimos nosotros. Dijo, en fin, en 1985, Jordi Solé Tura, catalán de una pieza, ejemplo del intelectual cabal encarnado en la izquierda, Padre de la Constitución, también él: "Lo único que puede impedir que nuestro Estado de las Autonomías pueda llegar a funcionar de manera parecida a la del Estado de la República Federal Alemana, pongamos por caso, es la falta de la voluntad política necesaria o los errores garrafales de planteamiento".

Tres hombres honestos y sencillos que dijeron cosas directas, claras y sencillas. Verdades redondas, sin miedo a las palabras y sin ganas de enredar los conceptos: España existe; España es una realidad compleja y plural ("una Nación de naciones, por qué no", decía Carretero); España tiene que configurarse establemente como un Estado pluralista e integrador; desarrollémoslo y consolidémoslo primero, y ya veremos, después, cómo se puede denominar o cómo lo clasifican los entomólogos del constitucionalismo. Eso es lo que venían a decir ellos, eso es lo que muchos pensamos desde hace tiempo, y eso es lo que viene a proponer, en su reciente Declaración de Granada, el Partido Socialista.

La Declaración de Granada, sin embargo, da algunos pasos adelante, sobre la base de las ideas anteriores. La Declaración de Granada, en efecto, no sólo afirma que España existe, sino que reitera que España existe, hoy y desde 1978, configurada como un Estado Constitucional, plenamente legítimo por su origen y plenamente legitimado por su ejercicio como Estado integrador y transformador durante todos estos años. La Declaración de Granada, además, afirma que España existe para seguir existiendo como España, sin aceptación de veleidades ni exageraciones nacionalistas periféricas. La Declaración de Granada, finalmente, afirma que España existe porque la existencia de España es la mejor garantía para evitar desigualdades y discriminaciones entre los ciudadanos de los muy diversos territorios que la integran. Esto último, y no otra cosa, es lo que defendía Hamilton, el padre del Federalismo Americano, cuando decía que "la Unión tiene que poder legislar no sólo para los Estados que la componen; la Unión ha de poder legislar para todos los ciudadanos americanos". Ni más, ni menos. Eso es federalismo: la coexistencia de un gobierno general con gobiernos territoriales, cada uno con sus competencias, pero todos ejerciendo interconectados, como decía Kenneth Clinton Wheare. La solución federal consiste, simple y sencillamente, en conjugar autogobierno y gobierno compartido. Esa conjugación, básicamente, es la que ha fallado en España en los últimos tiempos, y se ha manifestado de muy diversas maneras.

La Declaración de Granada, para avanzar hacia el futuro, postula una serie de grandes reformas, medidas y acuerdos para lograr la consolidación institucional y la mejora en el funcionamiento del Estado español. Reformas, medidas y acuerdos que no son otros, en el fondo, que los que defendía, en 1985, Jordi Solé Tura. Reformas, medidas y acuerdos que son las que ha venido postulando, coherente y solventemente, Ramón Jáuregui, cada vez que ha tenido ocasión para hacerlo. Reformas, medidas y acuerdos con cuya formulación nos han dado un vuelco de alegría y esperanza, a más de uno y a más de dos, el corazón y la cabeza, tan acostumbrados últimamente a presenciar debates estúpidos y a escuchar descalificaciones simplistas.

Ahora es el tiempo del futuro. Para que sea sencillo, sólo hace falta voluntad política.

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