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Muchos creerán que estaba poseída por el demonio. Cuando la eurodiputada Clara Ponsatí tuvo la ocurrencia de explicar en Estrasburgo que el nazismo se inspiró en la España de los Reyes Católicos, pero que tampoco es que hayamos avanzado gran cosa (pues los independentistas catalanes hoy corren una suerte parecida a la de los judíos que acabaron sus días en los campos de concentración), no solo tuvo que dejar de piedra a los allí presentes, sino que habrá sembrado la duda sobre si Hitler realmente nació en Austria o era natural de Valdepeñas.

Ha habido cierto revuelo pero estos discursos no hay que tenerlos muy en cuenta, primero porque la señora Ponsatí, antes que eurodiputada, fue consejera de Enseñanza y ella no tiene culpa de que ese sea un cargo al que se puede acceder sin haber leído nunca un libro. Además, se trataba de su debut en Estrasburgo y, claro, con los nervios, es posible que no asuntara bien y que se armara un taco confundiendo a Isabel la Católica con Eva Braun, como se podía haber embarullado acusando de la expulsión de los judíos a Marisol, al Capitán Trueno o a Lagartijo.

¿A quién no le ha pasado alguna vez? A mí, por ejemplo, me recuerda aquellos exámenes de Historia en el instituto, cuando en un momento dado preguntaban sobre la Reconquista, con tan mala suerte que ese día nada más que había dado tiempo de mirarse por encima la Guerra de la Independencia y, para no entregar la hoja en blanco, nos remangábamos y empezábamos a escribir: "La Reconquista fue un acontecimiento fundamental para entender episodios más recientes de nuestra Historia: la invasión de las tropas napoleónicas, sin ir más lejos..." Y allá que nos liábamos a escribir sobre Palafox, sobre la batalla de Bailén y el Dos de Mayo, cuando lo que tocaba era hablar de Covadonga y del oso que se comió a Favila.

No debemos censurar que alguien, en un aprieto, mezcle a Fernando el Católico con el Holocausto. Lo único que cabría matizar es que, como ya son demasiados los que tienden a explicar la Historia según ese mismo esquema y consideran que Alejandro Magno era un poco nazi -como lo eran Julio César y Nefertiti-, pero igual de nazis o más que Catalina la Grande y que el general Espartero juntos (porque nazi se le llama a Goebbels, pero se le puede llamar a Stalin, a Lola Flores o a Unamuno) y dando por hecho que todos participamos de la condición de nazi en mayor o menor medida, propongo que se establezca la "escala Hitler" para determinar a qué grado llega cada cual.

Dado que los Reyes Católicos eran unos nazis, que los nazis eran unos nazis, pero que incluso los judíos eran nazis a su manera, algo que convendría saber es qué nivel alcanzaban respectivamente en la escala porque, considerando que fumar es bastante nazi y que prohibir el tabaco lo es, naturalmente, nos gustaría saber si es más nazi veranear en la playa o en el campo, beber en copa o en porrón, comer solo verduras -como dicen que hacía Hitler- o el entrecot poco hecho, que es como a mí me gusta más.

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