Tribuna Libre

Clara Zamora Meca

Profesora Doctora del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla

España, un país feliz

Bajo el zumbido de los periódicos, flota un silencio realmente opresivo y angustioso. Los jornaleros de la política y cuantos dependen de ella procuran otorgar a lo pequeño una grandeza de alcance universal. Los cronistas que describen sus actos en tiempo más o menos real, dentro del material bruto, deben de separar lo falso e intrascendente de lo verdadero y distinguido mediante un arma privilegiada que muy pocos poseen: la psicología. Su labor es informar, pero también preparar el alimento adecuado para el futuro, de manera que no pueden prevalecer los motivos sobre los sucesos. La lectura de sus textos debe excitar, sobre todo, la capacidad de juicio. Quien da expresión a su tiempo, vive para todos los tiempos.

La proximidad cansa y agota. Cuanto menores son las circunstancias que nos rodean, tanto más nos oprime lo pequeño. Es la distancia la que cambia todas las cosas. Bajo su tiranía, gimen todas las demás. La desilusión, el dolor del mundo, el revestimiento de las ideas con formas heroicas, la obstinación del idealismo son algunos de los puntos que, clavo a clavo, día a día, toman el pulso a la sociedad a través de sus cronistas. Las grandes verdades no entran de golpe en el cerebro de la humanidad, por eso parece que cuesta aceptar que estamos en una atmósfera benéfica, que reina una jovialidad pequeñoburguesa con tensiones a su medida.

Cada nación, España en nuestro caso, debe contar y valorar su aportación suprema frente al mundo, o incluso me atrevería a decir frente a Dios, y no limitarse a la emancipación casual de la política del momento. En una época de paz todo está perfectamente en orden. Los políticos deben poner la justicia al servicio de la nación por encima de su éxito personal; deben obedecer a la patria, a la comunidad y a la propia conciencia. Los cronistas deben darle forma a sus actos, pero envolviéndolos de cierto sentido histórico, reportando ganancia en la comprensión y el enriquecimiento social a través del conocimiento y la capacidad de juicio. Está bien reprochar, pero de forma constructiva, dando alternativas reales.

La Historia es una gran artista. Y como todo artista encuentra un enorme gozo en la semejanza, en una elevada analogía. El gran arte es siempre más fuerte que las leyes de la razón y más sensato que la lógica. Quizás todo esto no sean más que sueños, pero deseo manifestar que hay una fuerza elevadora cuando tratamos de sueños de la humanidad y todos somos más maduros, más lúcidos, tenemos mayor amplitud de miras y, sobre todo, sentimos que nos salvamos de los pequeños resentimientos que vemos como algo minúsculo, intrascendente, pasajero, anodino, prescindible, perfectamente humano en su insignificancia, cuando asumimos que la hora más terrible de nuestra era ya pasó, y que debemos agradecer este día solemne, luminoso y pacífico que tenemos por delante. España, con sus pequeños problemas en ocasiones bien contados por sus cronistas, no se engría, con lo cual le brindamos la conquista de una virtud.

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