Estampas y crucifijos

Resulta poético invocar la soledad para pedir la libertad

Ha sido polémica la salida de la cárcel de Urdangarin alegando problemas de soledad escogida, aislamiento protector y buena conducta. Sale para reinsertarse en Pozuelo de Alarcón haciendo voluntariado con personas discapacitadas. Está bien pensado porque seguro que en El Pozo del Tío Raimundo no se resocializaría igual. Tampoco mataría su soledad mandarle a Alcalá Meco. Se ha aferrado a la religión, pero no con tanto peligro como Pacheco que tenía un crucifijo en su celda. Iñaki habrá recurrido a las inofensivas estampitas de santos y vírgenes. Ha tenido una cárcel distinta, un cumplimiento distinto y, una salida distinta. Es el cuñado del rey.

Oriol Pujol también entra y sale de prisión y se integra en esta sociedad nuestra trabajando a pesar de tener causas pendientes muy graves. Es otro preso de conducta ejemplar y pertenece a la otra gran familia para la cual los tiempos y las decisiones de la justicia son distintas o al menos lo parecen.

La Pantoja ingresó en prisión y, no consiguió que le suspendieran la pena a pesar de que era de dos años y no tenía antecedentes penales. Se consideró por los tribunales que el delito de corrupción era muy grave. Hay que tener en cuenta que es tonadillera y que su corrupción era mucho más hortera, más plebeya. Dónde va a parar.

El régimen penitenciario español tiene la suficiente flexibilidad para permitir esas generosas perlas cultivadas de producción exclusiva y también para echar bolas negras sin miramiento cuando hace falta. Donde la ley dice beneficios penitenciarios en algunos se puede leer privilegios. La reinserción y la resocialización, que son los fines de toda pena, consisten para los presos fetén en volver a casa con los suyos sintiéndose agraviados. La igualdad es sólo ante la ley pues el privilegio por definición es para los pocos escogidos.

Resulta poético invocar la soledad para pedir la libertad porque todos los presos están solos, solos llegaron muchos y no son pocos a los que nadie espera a la salida. La vida de los reclusos vulgares suele ser un reguero de despropósitos, dependencias y desamparo.

No critico que nadie salga de la cárcel en cuanto pueda porque en prisión nada bueno se aprende y se sufre. Si me entristece que los demás no tengan las mismas oportunidades habiendo tenido Urdangarin tantas. Eso sí, el pueblo poco compasivo, cuando sale no lo recibe con vítores como a los etarras o a los independentistas.

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