Estancos

El Gobierno está cayendo en la tentación de que le paguen la fiesta los que no les votan

Siendo la democracia el menos malo de los sistemas políticos, tiene, en consecuencia, un margen de mejora y no queda otra que ponerse a ello. Esto, además, viene duplicado por la situación actual. Hay quienes añoran el bipartidismo, aunque yo no. Un número mayor de partidos políticos implica, al menos, dos ventajas: 1º) los partidos pueden (y tienen que) afinar en sus programas para representar con más exactitud los principios e ideas de sus muy solicitados votantes; y 2º) exige después mayor capacidad de negociación y consenso, reventando las disciplinas de partido al menos desde fuera. Sin embargo, como la democracia en general, el multipartidismo, que es menos malo, tiene también sus defectos y peligros, que hay que detectar para desactivar.

Uno es que parcela más aún las bolsas de votantes, convirtiéndolas en compartimentos estancos. Mientras el reparto de votantes sea ideológico o programático, es natural. El peligro es que haya grandes tipos o clases de votantes que algunos partidos den ya por perdidos o imposibles. Por ejemplo, el PSOE sabe que no tendrá el voto de los autónomos, que bracean por sacar adelante sus negocios con el agua de la crisis al cuello.

La tentación entonces es desentenderse de todos aquellos que no te van a rendir jamás rédito electoral. El fenómeno puede verse en acción con la subida de impuestos a los autónomos por parte de este Gobierno. Como calcula que no perderá ni un voto, pues adelante con los faroles. A efectos prácticos, en cuanto que un Gobierno decide impuestos sobre sectores profesionales que nunca le votarán aprovechando sus mayorías legislativas logradas gracias a otros votantes, estamos ante una práctica poco democrática. ¿Se le podría oponer el viejo principio: "No taxation without representation"?

Es difícil, pero esencial exigir a un Gobierno que administre para todos y no sólo para los suyos. Dos rápidas sugerencias. Siempre, la pedagogía democrática y también económica, porque, a medio plazo, asfixiar a los autónomos -te voten o no- es ahogar la economía nacional. Y quizá también habría que plantearse cambios institucionales, como que cualquier subida de impuestos sólo pudiera ser adoptada con el mayor de los consensos, mayorías cualificadas incluidas y un auténtico diálogo social previo. Todo antes de convertir nuestra nación en una sociedad de castas, con parias sobre los que cae a plomo el peso del Estado.

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