Deseando estamos tener claro algo aunque parece que corren malos tiempos para la claridad de espíritu. La coordinación parece que ya no es un bien común. Tampoco la solidaridad real, no la autogestionada de los balcones por culpa del miedo. Cuando más hace falta remar en la misma dirección, es cuando nos ponemos de espaldas, recorremos caminos paralelos y no sabemos aportar algo positivo. Cuando más falta hace la buena planificación es cuando más se ha echado en falta y como no hay mal que dure toda la vida pues la vida acaba por poner a cada cual en el sitio que le corresponde. Eso de pensar con perspectiva y tomando actitudes correctas no está ya de moda. Cada cuál a mirarse el ombligo, el suyo, el de familia y el de su ciudad. Sin tener más anchuras de mira. Si en los malos tiempos no se es capaz de tener sentido común como se va a saber gestionar todo cuando las vacas dejen de estar tan flacas tras una cuarentena. Mejor ni pensarlo.

Casi sería mejor estar siempre confinados para evitar repuntes de inconsciencia y descerebramiento, más ahora que las respuestas estarán en los vientos de todas las isobaras del planeta, en las posibles alianzas entre países, en la necesidad de que la OMS sea algo más que tres siglas, en los acuerdos multinacionales y en las medidas anticipatorias para que no nos coja el toro despistados con nuestras vergüenzas al aire. Con la globalidad como bandera, teniendo claro que un estornudo en Australia puede salpicarnos en Jerez, podríamos estar más preparados para los encuentros en la quinta fase que nos espera para respirar al aire libre y disfrutar más tranquilos de los demás. Aunque tengamos que poner nombre de murciélagos a nuestras calles, recuperar las bodegas y la fábrica de botellas para tarritos de gel o reinventar la fábrica de cartonajes para mascarillas made in Tempul.

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