En este entreacto del vodevil del mes entre elecciones aparece como salido de la manga que hoy jueves se celebre un día de Europa que, aunque importante para nosotros, más bien queda entre la anécdota y el olvido. No somos conscientes de su importancia ni del feedback que podríamos tener en beneficios. Mucho no hacemos por sentirnos europeos, es más todo lo contrario. Seguimos a la cola de muchas estadísticas, tenemos poco que ver con la cultura europea, no tenemos buenas relaciones, estamos en otra línea. Más bien pareciera que estuviésemos vacunados contra esa imagen europea que nos quieren hacer llegar. Aquí se va a lo nuestro, la semana santa, el flamenco, los toros y la feria y estos días, las cuitas entre compañeros de partidos sin más alturas de miras por culpa de las elecciones a concejales. Las locales crean algo de interés por lo de chupa gaitas que se quieren subir al carro, las autonómicas pierden fuerza cada vez, pero lo que son las europeas no parece importar a nadie. Una forma como otra de no tener a Europa en nuestras miras cuando resulta que muchos de nuestros hijos e hijas están por esas tierras en cruzada estudiantil o laboral o que cada vez está más clara la influencia en nuestro barrio en muchos aspectos. O estamos ciegos o padecemos de conjuntivitis alérgica ahora que suben los niveles de polinización. Y como esos votos no parecen importar, ni sabemos quiénes serán nuestros representantes en Estrasburgo o Bruselas pues seguiremos con todos los síntomas de rinitis permanente crónica, erupciones, picores y estornudos a todos los agentes alergénicos que entren por los Pirineos. Acabaremos con arañazos y cicatrices por infección de rascado continuo del picor y con tal cantidad de legañas post conjuntivales que seguiremos con la ceguera permanente con que nos caracterizamos por estos lares. Por no querer ver más allá de Despeñaperros.

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