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rafael / sánchez Saus

Europa: tiranía y ciudadanía

EL creciente sentimiento anticomunitario en la mayor parte de Europa ha sido confirmado de forma inapelable en las elecciones del pasado 25 de mayo a través de una fuerte abstención y del éxito de partidos que muestran sin pudor alguno su antipatía hacia las instituciones europeas y sus modos. En España, hoy por hoy el país más esterilizado por el pensamiento correctísimo y donde el análisis político, dominado por el tosco esquematismo izquierda-derecha, es más simplista, esa eclosión se hace depender sin más del auge de xenofobias, extremismos y otros folklores, procurándose siempre que las razones profundas del desafecto ciudadano queden suficientemente veladas. Eso explica que al final no entendamos casi nada de lo que pasa por ahí aunque, a decir verdad, aún se entiende menos por ahí lo que aquí sucede.

Así las cosas, pocos se han enterado en España de que el 28 de mayo, en el último día de su mandato, la Comisión Europea presidida por Durão Barroso hizo público su veto a la iniciativa ciudadana One of Us. Esa iniciativa, de la que en su momento ya nos hicimos eco en estos Envíos, ha merecido la firma de más de 1.700.000 ciudadanos de diez países comunitarios que respaldan su propuesta de que dejen de destinarse fondos públicos europeos a la investigación con embriones humanos. Se mire como se mire, el veto de la Comisión, que impide que el Parlamento pueda debatirla, es una muestra de prepotencia y una burla hacia los firmantes que habían confiado en los procedimientos que la Unión estableció en el tratado de Lisboa para que la voz de la ciudadanía fuera oída en las instituciones. ¿Cuántos de esos cerca de dos millones de europeos, convocados a las urnas tres días antes del desafuero, habrían acudido a ellas de saber lo que sus representantes pensaban hacer con su derecho?

La indignación de muchos ante el atropello de la moribunda Comisión ha sido grande. Laszlo Surjan, vicepresidente del Parlamento Europeo, afirmaba: "Estoy profundamente en desacuerdo con la decisión, es una bofetada en la cara de los ciudadanos y una traición hacia ellos". El asunto es grave también porque revela la naturaleza tiránica de la estructura institucional de la Unión, en la que el ejecutivo puede vetar lo que debe debatirse en el legislativo con flagrante negación de la división de poderes. Como para molestarse en votarles.

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