violetas y babuchas

Begoña García / González-Gordon

Factor de protección

Camino de la farmacia mi hija me encarga que le compre un bronceador. -Con protección 15- le digo a la manceba, porque el femenino de mancebo será manceba, ¿no? Una voz de hombre, que sale de un cuerpo agachado que ordena una vitrina por allí cerca, me recrimina con simpatía. En tono y términos amabilísimos viene a decirme algo así como "mal hecho". O "yo que usted no lo haría".

- ¿Qué factor de protección debo llevarme entonces?-, le pregunto.

-Factor 50.

Salgo en defensa del futuro bronceado de mi hija, y le replico:

- ¿Factor cincuenta? Qué barbaridad. Mi hija lo que quiere es ponerse morena, no presumir de ser la más blanquita de la playa.

Comprendiendo que tiene enfrente un hueso duro de roer, el farmacéutico se arma de paciencia. Y de vehemencia. Tiene la razón de su parte y no piensa cejar hasta sacarme de mi error. Armado con una cortesía y una sonrisa encantadoras, coge una crema bronceadora del expositor a modo de espada en ristre y empieza a aleccionarme. Desarmada, me dispongo a escucharle con atención.

Me explica el significado que esconden las letras ininteligibles que aparecen en los botes junto al factor de protección; ese quince, por ejemplo, que quiere mi hija, frente al cincuenta que recomienda el farmacéutico. Y me lo explica perfectamente, lo que pasa es que con tanto rayo y tanta sigla me hago un lío y no me entero muy bien. Intenten recordar la diferencia entre rayo UVA y rayo UVB, o entre SPF y FPS, y comprenderán lo que digo. Pero dos cosas se me han quedado. Y me han preocupado. La primera: que una de las siglas corresponde a los rayos malos, los que producen cáncer. Y dos: que contra esos rayos malos sólo actúan los bronceadores de protección 50.

-Bueno, y entonces con mi hija ¿qué hago? Porque protección 50 estoy segura de que no se va a poner. Para ella sería como ir a la playa debajo de una sombra.

Me dio una solución no demasiado cómoda, pero sí muy práctica, para impedir que el sol nos haga daño. Si usamos bronceadores factor de protección bajo, nos los tenemos que aplicar con frecuencia. Con muchísima frecuencia, cada 10 o 15 minutos, es la única manera. - El bronceador se gasta pronto pero es la forma de asegurarnos que estaremos protegidos - apostilló.

Me pareció una solución muy salomónica y, sobre todo, eficaz. Así que desde entonces, me dedico a perseguir sin piedad a toda mi familia para que, a falta de protección 50, se embadurnen de bronceador cada ratito.

Desde luego hay boticarios con vocación de ángeles de la guarda. Auténticos factores de protección.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios