Farmacéutico de guardia

En cierta ocasión, cuando ejercía en el ilustre y nunca bien ponderado cuerpo de maestro de escuela, una mamá de las de nueva hornada, comedora de chicle ella, mal hablada y tatuada hasta las cejas, se encaró conmigo porque había suspendido a su vástago, criaturita por lo demás, flojo, perezoso, mal educado y claro heredero de su serenísima mamá. ¿Quién eres tú para suspender a mi niño? - me dijo, con toda su aplastante fortaleza. Uno, curtido entonces, en aquellos encuentros en la cumbre con mamás extremas, exuberantes, estentóreas y exiliadas de la buena educación, le contesté, como no podía ser menos, que el farmacéutico de guardia.

No sé si se enteró mucho pero salió de allí convencida de que, efectivamente, como farmacéutico de guardia no podía suspender a su hijo.

En estos días, con el mundo loco de las cofradías en pie de guerra por sus manifiestas desinformaciones y pocas luces - mi padre decía, menos tejas que un cine de verano -, he tenido que oír, este que esto les escribe y todos los ciudadanos porque, Jerez sólo tiene, en estos momentos, la preocupación de lo que ha ocurrido en la popular Hermandad que reside en la Iglesia de Santiago, algo que me ha recordado lo de la mamá y el suspenso a su ágrafo hijo.

¿Quién es el Obispo para meterse en lo que pasa en una Hermandad? - dicen, también con voces estentóreas como las de mi mamá, muchos de los cofrades que se creen mancillados por la decisión eclesial.

Pues miren ustedes, el que así ha actuado no es el farmacéutico de guardia, es el Señor Obispo. ¿Quién si no ?

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