la nicolumna

Nicolás Montoya

Fecha de caducidad

LA importancia de estar vivos radica en saberse caduco para poder actuar en consecuencia. Aun así hay gente que no se entera, que se creen inmortales y se dedican a amasar incongruencias que a la larga les colocaran donde se merece. Más bien se creen imágenes de cartón piedra del portal de Cristina, que están adquiriendo solera. Pasa con la gente mala, los impresentables y los amigos íntimos de la mentira. Hay gente así a espuertas. Además se lo creen e intentan dar lecciones a los demás de grado superior en mentiras escondidas tras una cara de ángel. La crisis puede tener culpa, pero parece evidente que debe existir algo más. Está pasando con los autobuses urbanos, con las empresas de limpieza, con los centros escolares, las urgencias de los centros de salud y los planes de saneamientos de los ayuntamientos. Es increíble que no haya dignidad y eficacia en la toma de decisiones, y las medidas brillen por su ausencia, más aún que el esperado tranvía por calle Honda. Ahora funciona el talante conciliador de mentirijilla. La estabilidad presupuestaria, los ajustes salariales o las medidas de ahorro que ni llegan a tiempo, ni dejan de ir contra los de siempre, los que menos defensa tienen.

Parece que el destino tiene predestinado a los que serán dirigentes o tendrán puestos de decisión, como la burbuja que haga que les resbale todo lo relacionado con los problemas de los demás, un impermeable de cinismo, que a pesar de los cien días de cortesía, o la decena de semanas de presunción de capacitación, acaba por descubrirles. Tras varios meses de las municipales, a diez días de las pasadas generales y a unos meses de las andaluzas parece claro que las soluciones no están en los portafolios de los maletines de piel de Ubrique de los que dicen estar trabajando en el tema, ni tampoco en sus neuronas si es que las tienen. Están muy lejos, más bien a años luz. Con las fechas que se avecinan, de otras fechas hablaríamos. Pero al menos deberían tener el valor de reconocerlo y apostar por quienes saben del tema. Al pan panaderos y al vino, vinateros.

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