La unanimidad no es nada interesante. Frívolamente, porque es más divertido disentir un poco, porque las discusiones dan calor humano a las frías ideologías y porque lo que agrada son los matices, que se florecen en los intersticios de las opiniones diversas. Más gravemente, la unanimidad es sospechosa, porque puede que sea una imposición de la actitud mayoritaria o que sofoque dudas razonables.

Hemos de felicitarnos, por tanto, de que la unanimidad feminista haya saltado por los aires. Hasta el punto de que la primera disensión seria en el Gobierno se ha debido a los distintos enfoques sobre el feminismo entre podemitas y socialistas. Por la novedad y por la virulencia, esta disensión ha llamado mucho la atención.

Los mal pensados pueden quedarse cortos, como suelen. No se trata solamente de una lucha de poder para hacerse con el control y el protagonismo de la bandera feminista. Sí que hay auténticos asuntos candentes sobre el feminismo, y de mucho calado.

Las pioneras fueron aquellas mujeres (cada vez más) que no se reconocían en el victimismo genérico impuesto por el feminismo oficial. Expusieron: "No somos víctimas", basándose en su propia experiencia vital, y alertando, sobre todo, del peligro que implica insuflar victimismo a las nuevas generaciones. Hay que tener cuidado con las profecías que se autorrealizan, alertaban. Paralelamente se fueron sumando las mujeres que rechazaban la culpabilización del hombre y su discriminación o las que preferían no recibir el regalo envenenado de las cuotas y las políticas de discriminación positiva.

La gran brecha, sin embargo, se ha abierto entre las feministas clásicas y las feministas partidarias de acoger en sus reivindicaciones la transexualidad. La escisión producida en el seno de Izquierda Unida, que ha expulsado al Partido Feminista, ha marcado un punto de no retorno. A lo que hay que añadir cuestiones tan delicadas como los vientres de alquiler, que, para muchas feministas (a las que aplaudo), cosifican y mercantilizan a las mujeres más pobres; o la legalidad o no de la prostitución.

En realidad, apenas hay donde poner los ojos que no haya un debate abierto. ¡Si incluso hay feministas que defienden la educación diferenciada por el beneficio escolar que objetivamente reporta a las chicas…! El feminismo como ideología monolítica tenía menos interés que ahora, como debate tenso de máxima actualidad. Enhorabuena.

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