Dije ayer que Cayetana Álvarez de Toledo, del PP, e Iván Espinosa de los Monteros, de Vox, acertaban al poner pie en pared a las provocaciones de Iglesias. Vino a demostrarlo el curso de los acontecimientos. Esas excusas del vicepresidente que son una nueva provocación cínica y revolviéndose ("Me equivoqué, pero dije la verdad") y la salida histérica de Echenique e Irene Montero, sus más estrechos colaboradores, a seguir dándole al tambor de las acusaciones de golpismo, demuestran que se han quedado pasmados, algo solos y bastante ridículos.

Por eso sorprende más el fuego amigo de Feijoó criticando a Álvarez de Toledo. ¿Sorprende más? Bueno, no; si sabemos (y quien lo probó lo sabe) qué es el fuego amigo. Damos por asumido que lo peor que tiene ese ataque que sale de tus filas es que te pega, pum, por la espalda. Es así tanto desde un punto de vista espacial, como moral y, ay, sentimental, sobre todo cuando viene de quien tú apreciabas. También lo supo Winston Churchill cuando informó a un parlamentario novato de que sus peores enemigos no estaban en la bancada de enfrente, sino en la fila de atrás. Y Adenauer lo clavó: "Hay tres tipos de enemigos: los enemigos a secas, los enemigos mortales y los compañeros de partido".

Sin embargo, lo peor del fuego amigo no se cuenta. Del rival como Dios manda, recibes argumentos intelectuales o políticos opuestos, que pueden enfrentarse con los propios, y para los que estás preparado. Por tanto, es relativamente fácil tener una buena relación personal con un contrario. En cambio, el fuego amigo, puesto que sale de tus propias filas, no enfrenta, diga lo que diga, unos principios que son, más o menos, los mismos, sino a la persona misma, para quitarla de en medio o por antipatía reptiliana o por ambición sibilina. «Dios mío, cuídame de mis amigos, que de mis enemigos me encargo yo», dice la sabiduría popular, y se adivina un tono bajo de angustia existencial. Late la sospecha subconsciente de que la traición de un amigo implica un rechazo ontológico.

Sin embargo, en el fuego amigo hay dos ventajas -si se le sobrevive- que justifican la literalidad de su amistad. Desenmascara al enemigo subrepticio para siempre y fortalece la posición de la víctima. Las puñaladas por la espalda son condecoraciones del revés, pero que honran como las medallas en el pecho, o más. Feijoó ha fijado la posición de Cayetana en el PP, por ejemplo.

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