Su propio afán

Enrique García-Máiquez

Ganó Rajoy

NO hay que dejar que la realidad te estropee un buen titular, dice el cinismo, adornándose, pero, en realidad, hay que resignarse. También a que te derrumbe una columna. Me puse a ver el debate organizado por ElPaís con un artículo para hoy muy preparado y sopesado. Pero el debate me estropeó el esquema, qué le vamos a hacer.

Y era bonito. La columna se iba a titular Darwinismo político y sostendría que igual que el socialismo fue capaz de laminar las diferencias entre los liberales y los conservadores (¡con lo que se pelearon nuestros bisabuelos en sus tiempos!) por estar mejor adaptado al medio y a las circunstancias, yo avistaba un cambio de paradigma que dejaba a los viejos como dinosaurios abocados a una extinción repentina a manos de los nuevos partidos.

Pero lo cierto es que Pedro Sánchez se batió el cobre con solvencia, incluso con un punto de descaro y esa pizca de impertinencia que tan bien da en los debates televisivos. Susana Díaz será más hábil entre bambalinas, pero Pedro Sánchez se defiende algo mejor bajo los focos. Nunca lo vi en la lona; y eso que Albert Rivera tiene gancho (de izquierda y de derecha) y que Iglesias no se rinde. Sánchez supo revolverse, contraatacar, huir, adular, dar la vuelta y acusar a los otros cuando se sentía acorralado. Se defendió como una zorra, por usar la categoría que Isaiah Berlin le pidió prestada a Arquíloco de Paros: "Muchos trucos conoce la zorra; el erizo uno solo, decisivo".

Cita que no uso por el gusto gamberro de llamar "zorra" a nadie ni por tirarme el moco culturalista, sino porque Rajoy ganó el debate con la táctica suya de siempre: la del erizo. Se enrocó en no ir, pero como el debate fue confuso y poco entusiasmante, se estaba mejor sin estar. Y conste que lo reconozco contra mí mismo que llevo dos artículos seguidos defendiendo que tenía que ir. Jugó Rajoy su baza (su única baza) del enroque, y le fue bien. Contraprogramó anunciando la oferta de ampliar a cuatro años la ayuda a la contratación indefinida, y fue esa medida -que no se dio en el debate, sino mientras los otros se daban en el debate- la que ha llamado la atención y se comenta más.

En definitiva, que no estoy haciendo la columna que traía abocetada y que, además, he tenido que desdecirme de dos o tres planteamientos. Lo difícil (y lo apasionante) de querer ser fiel a la realidad es que ésta siempre juega al despiste y a la sorpresa, oh.

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