Garzón y serrano

Piensan como en el chiste que todos los demás llevan el paso cambiado

Increíble resulta que, en España, no sé si pasará lo mismo en países de nuestro entorno, un juez que por supuesto tiene sexo e ideología (no son ángeles) pueda entrar y salir de la política como si cualquier cosa. Como increíble resulta que las asociaciones ideológicas que se han creado dentro de la judicatura copen los órganos del poder judicial y silencien a aquellos jueces realmente independientes. Lo de la separación de poderes se enturbia y desaparece cuando los partidos políticos se reparten la designación de los miembros del Consejo General del Poder Judicial. Quizás ese sea el pecado original del que nacen muchos otros males.

Los ejemplos más paradigmáticos de jueces rebotados metidos a políticos son Baltasar Garzón y Francisco Serrano a los que no sólo les une haber sido jueces condenados por prevaricación sino sobre todo el rencor desde el que han actuado hasta arruinar sus carreras. Los dos han juzgado saltándose la ley siendo jueces, entendiendo que el fin justifica los medios. El primero grabando en la cárcel las conversaciones de los abogados con sus clientes; el segundo, alterando un régimen de visitas de un menor con su padre para que pudiera salir en una procesión de Semana Santa. Los dos se sienten injustamente tratados porque el fin que perseguían para ellos era bueno y los dos han entrado en la política para tener un altavoz desde el que desacreditar a la justicia, desahogar rencores y ejecutar venganzas.

Ambos tienen una versión tergiversada de la realidad, una mirada de las cosas manchada por su necesidad de ahogar su resentimiento. Piensan como en el chiste que todos los demás llevan el paso cambiado y están vendidos menos ellos, héroes tratados injustamente como villanos por compañeros cobardes, incapaces de enfrentarse al conservadurismo según Garzón y a la ideología de género según Serrano. Sólo ellos ven la realidad. Su realidad. Son mártires y martillo de herejes de la particular justicia de su santa inquisición. Yo haría un comic con ellos y los vestiría de forma ridícula con ropita de héroe, capa voladora surcando los cielos para salvar a los hombres, sobre todo a los hombres, de los desafueros de la justicia. Les haría decir "cáspita" porque al fin y al cabo no son maleducados cada vez que se hiciera pública una sentencia a la que atacar. Eso sí, colocaría kriptonita cerca del Tribunal Supremo para debilitar sus poderes y aplacar sus lenguas.

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