El Gatopardo

A la literatura más interesante, a los sabores más especiales y a determinadas amistades profundas, es raro llegar de niño

Mi sobrina me pidió hace poco un libro porque tenía que hacer un trabajo para el colegio. No es muy lectora, como no lo son la mayoría de los niños de 16 años. Mis intentos de engancharla a la lectura han sido en vano y tampoco me ha preocupado porque yo misma tarde en hacerlo. Recuerdo que hubo un primer libro que hizo que cambiara mi forma de leer, pues, a partir de ese momento, la lectura no fue sólo una distracción sino un bálsamo milagroso. A la literatura más interesante, a los sabores más especiales y a determinadas amistades profundas, es raro llegar de niño, se suele llegar más tarde y sin prescripción de nadie, por pura casualidad. Cuando mi sobrina me pidió el libro, quise ser esa causalidad. Me vi capaz de escoger el libro que le cambiase la vida y fuese para ella todo un descubrimiento que le despertara la sed lectora para siempre.

Todos los libros que se me ocurrían eran gordos, "Fortunata y Jacinta", "La Regenta", "Las ilusiones perdidas", "Ana Karenina", "Crimen y castigo", "Las novelas ejemplares" "El idiota", "Misericordia", "La educación sentimental", etc. No quería que desertara ni que aprendiera a leer dando saltos acrobáticos de página. Se me vino a la cabeza "Helena o el mar del verano" porque pocos libros dicen más en menos páginas y, al tratar de un primer amor, podría interesarle. En el maremágnum de libros que tengo en casa no conseguí encontrarlo.

Decidí dejarle el libro que a mí misma me cambió. Ese no tenía que buscarlo porque lo tengo en una zona de favoritos a los que vuelvo de vez en cuando. "El gatopardo". Tiene amor, muerte, política, decadencia. Le tiene que gustar por fuerza, me dije. Además, contiene la cita celebérrima de "Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie" que oirá mil veces a lo largo de su vida. Que sepa de dónde procede, en qué contexto y que no es verdad del todo porque el mundo de Salinas desapareció para siempre con él.

Mi marido me advirtió que ese libro no le gustaría. Busca algo moderno. Mercedes cogió el libro con cierto recelo, y al día siguiente, me dijo que no entendía nada. Dale una oportunidad, le pedí y, viendo el panorama me puse a buscar otro libro. Cuando le conté poco después que le había encontrado otro libro me dijo, no, ya sigo con este. Le estaba gustando. Lástima que a Pedro Sánchez no se lo hubiera regalado su tía de joven. Nos hubiéramos ahorrado unas cuantas elecciones. O no.

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