CATAVINO DE PAPEL

Manuel Ríos Ruiz

El Güito, Premio Tío Luis El de La Juliana

HACE once años que se instituyó en Madrid, concretamente en el Colegio Mayor Universitario Isabel de España, el Festival Flamenco Tío Luis El de La Juliana, en memoria del primer cantaor de nombre conocido, jerezano por más señas. Y unido a tan importante celebración se concede anualmente el premio del mismo nombre, que entre otras figuras del género ha recaído en María Vargas, Manolete, Calixto Sánchez, Inés Bacán, Fernando Terremoto, Serranito y José de la Tomasa, en reconocimiento a sus brillantes trayectorias artísticas.

Y esta primavera, el Premio Tío Luis El de La Juliana ha sido concedido a Eduardo Serrano, El Güito en programas y carteles. No podía ser de otra manera y El Güito ha protagonizado la función de clausura del XI Festival Tío Luis El de La Juliana. Con su participación se ha ensalzado al baile flamenco más tradicional, ese baile flamenco puro que tan inspiradamente glosó el poeta Manuel Altolaguirre: "Cante la luz, que la forma/ un ritmo oculto insinúe,/ que la voz pinte, que tome/ cuerpo, figura, dibujo;/ que yo perciba la línea/ secreta de los sonidos/ y que mis ojos escuchen/ músicas claras, visibles./ Esto es vivir y temblar,/ temer, esperar, sentir,/ hasta que el sueño o la muerte/ borren música y contorno/ porque todo lo profundo/ se haga ciego y sordo en mí". Sí, contemplado a El Güito bailar, se percibe la línea secreta de los sonidos y se escucha la música incorporada en la estampa humana.

Y El Güito, a sus sesenta y seis años, mantiene las facultades precisas para demostrar su personalidad, su estética jonda encima de los escenarios. Hay que recordar que se forjó en el ballet de Pilar López y con solamente dieciséis años obtuvo, en el Teatro de las Naciones de París, el Primer Premio Sarah Bernard, después de diversas giras por América y Europa, creando inmediatamente su compañía para recorrer los cinco continentes en continuo triunfo.

Desde entonces, su trayectoria está considerada de las más rutilantes, con su paso por los tablaos y por los festivales más significativos, una trayectoria jalonada de premios, entre ellos el Nacional de Baile de la Cátedra de Flamencología de Jerez y el Calle de Alcalá, a los que ahora suma el Premio Tío Luis de la Juliana. La ocasión era pintiparada para comprobar que sus versiones de la farruca y, especialmente, de la soleá son auténticamente ejemplares, quedando una vez más expresadas con una jondura estéticamente incomparable, ejemplares en el braceo y los quiebros cintureros. Indiscutiblemente son dos interpretaciones que ya han pasado a los anales del género, por ser dos lecciones artísticas personificadas en su concepción y desarrollo. El público, maravillado, ovacionó larga y cerradamente al magistral artista madrileño.

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