LÍNEA DE FONDO

Pedro / Ingelmo / Pingelmo@grupojoly.com

Hagamos un velódromo

El gran escándalo de la política nacional gira en torno a un velódromo, la pista que aúna un sinfín de pruebas raras

SE me ocurren pocas cosas tan imprescindibles en las que gastar dinero público que en un velódromo. Una población no es nadie en el mapa sin un velódromo. ¿Nadie ha pensado en un velódromo en Cádiz para el 2012, por Dios? Tanto puente y tanta tontería. ¡Un velódromo! ...Y eso pensó Matas, gran gestor donde los haya. Cuando, según el juez, Matas empezó a burlarse de los mortales pensó en un velódromo. Y, al séptimo día, creó el velódromo. El velódromo se presupuestaría en 48 millones y costaría cien. OK, perfecto. En un velódromo se realizan pruebas que de pequeño me hipnotizaban. No me enteraba del mecanismo de ninguna, pero yo estaba maravillado ante la tele. Por ejemplo, persecución tras moto. Una motillo salía y detrás iba el ciclista. Y vueltas y vueltas. ¿No se picaban los motoristas? Siempre quise conocer a un motorista de esos. Sus inquietudes, sus aficiones. Otra cosa: las carreras al sprint. Propiamente no eran carreras, ya que se pasaban cincuenta vueltas subiéndose a los peraltes, mirándose los rivales. Y una vez que llegaba el momento decisivo no aceleraban. No. Todo lo contrario. Competían por ver quién iba más despacio porque siempre ganaba el que llegaba a la última curva por detrás. Es decir, no tenía nada que ver con ningún otro deporte, era el deporte más raro del mundo. Otra especialidad era aquella en la que corría una patulea de gente, pero unos corrían un rato, otros se daban un garbeo por la parte alta y había un momento crucial en el que unos cuantos se lanzaban a un pedaleo desenfrenado. Y luego frenaban. ¿Por qué? Ni idea, se me escapaba, pero molaba. O esa otra prueba en la que los competidores estaban cada uno en una punta y pasaban por su correspondiente línea de meta fiiiuu fiiiiu y el espectador observaba en montaje paralelo la meta de cada uno. Tengo muy abandonado el ciclismo en pista y lo he vuelto a recordar con el caso Palma Arena, en el que se acusa a un político de haberse llevado una pasta de un fraudulento velódromo. ¡De un velódromo! Este Matas es un crack.

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