Los sondeos que se publican inmediatamente después de unas elecciones sirven de poco, los encuestados responden influidos por el resultado que se acaba de producir y tienden a favorecer al reciente ganador, que no disimula su euforia cuando las nuevas encuestas le auguran buenos resultados. La credibilidad que hay que dar a esos sondeos es por tanto mínima, aunque cualquiera que siga la política es consciente de que independientemente del fenómeno Ayuso en Madrid, Sánchez y su escudero Iván Redondo han provocado un desgaste importante del Partido Socialista y la situación de Cs es agónica, así que Casado se encontraría en la mejor de las situaciones para convertirse en presidente del Gobierno. Por errores de Sánchez, más que por méritos propios.

No se sabe cuándo se celebrarán nuevas elecciones, y en los meses próximos pueden producirse acontecimientos que pongan nuevamente al PSOE en cabeza mientras el PP vuelve a aparecer como un partido falto de empuje y sin proyecto atractivo y valiente.

Cualquiera que analice la situación concluye que Sánchez sólo salvará el bache actual con una profunda crisis de Gobierno que dé credibilidad a un presidente muy tocado por su alianza con Podemos. Y que saldrá más tocado todavía si vuelve a las andadas y llama a Pere Aragonès para concertar un encuentro. No hay nada que negociar con los independentistas, a ver si se entera de una vez Sánchez; los independentistas pretenden avanzar en el secesionismo y no se conforman con menos.

Casado puede dar la razón a las encuestas que le consideran posible presidente a poco que se moleste en tomar decisiones indispensables, y que debe ser el único español que no ve. Cambios profundos en su equipo, completar sus brillantes discursos parlamentarios con propuestas constantes en las que se recojan los problemas de los ciudadanos, como hizo Ayuso; y dejar atrás la imagen deplorable de fichar a un dirigente de un partido al que intenta absorber, ponerle un despacho en Génova y que desde allí se ponga a llamar a sus antiguos compañeros para que se sumen al PP. Lo dicho: imagen deplorable, impropia de un partido de gobierno. Por premiar la deslealtad y porque mendigar, prometer y coaccionar no es la mejor manera de hacer familia, de hacer partido.

Las encuestas alientan a un PP que puede vencer y hunden más a un PSOE que no ha acertado. Pero al que alientan, los buenos sondeos no le sirven de nada si su líder no hacer bien los deberes. Casado no puede esperar éxitos si no toma decisiones sobre el futuro del PP. Porque además Sánchez está dispuesto a moverse.

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