Tribuna cofrade

Susana Esther Merino Llamas

Hoy sale la Reina del Transporte

Imagen de Madre de Dios de la Misericordia. Imagen de Madre de Dios de la Misericordia.

Imagen de Madre de Dios de la Misericordia. / Vanesa Lobo

Por fin hemos llegado a la jornada de los Hosannas y las rubias palmas. El Domingo de Ramos se reviste de una luz especial que se derrama desde los tuétanos de la calle Merced, donde mora la Madre de todos los jerezanos, nuestra amantísima Patrona.

Los muros del templo basilical rezuman, desde los primeros albores de este bendito día, los ecos de esas oraciones entrecortadas y esos musitados Padrenuestros que durante las fechas cuaresmales han salido del brocal de los corazones y las almas que se han rendido ante las morenas manos atadas del que es Rey de Reyes y Consuelo de todos.

El mismo Dios hecho hombre nos abrirá las puertas del paraíso antes de ser clavado al recio madero. Tan sólo con su humilde presencia, revestida de majestad infinita, recibiremos el bálsamo con el que sanaremos más de una herida. El Señor del Consuelo provocará una catarsis de sentimientos difícil, por no decir imposible, de explicar. Se plantará triunfante en los medios de su barrio templando y mandando, como hacen los grandes. Le precederá su blanco cortejo, el del ‘orgullo de pertenencia’, el que sabe mejor que nadie cómo silenciar la burla del tetrarca judío y trocar ese pómulo morado en un caudal de devoción eterna hecha lirio encendido, mientras su cuadrilla del compás lo llevará entre filigranas costaleras.

Y tras el Hijo, Madre de Dios de la Misericordia, nuestra Reina del Transporte. La ‘morena clara’, como bien reza en su preciosa y recién estrenada plegaria. Ella, como fanal de pureza que es, lucirá en el joyel de su palio donde irán prendidas una infinidad de Salves y Rosarios que durante el año se forjan en el silencio de la quietud de su capilla. Los moldes de la belleza se volverán de nuevo a romper cuando el Cielo jerezano baje de a besar su aceitunada cara. La flamencura de su barrio despabilará una vez más de su letargo. Los yunques de las fraguas, el clavel reventón que cuelga de las viejas macetas, los patios con sus paredes encaladas, las gastadas estampas del cabezal de las camas, el olor a yerbabuena, el quejío de las gargantas de azabache que se funden con la luna al llegar la madrugada, el bronce de las campanas, el bordón de la guitarra, el cristal del catavino donde el sol se acuna cada día…

Con Ella, y bajo la blancura de su manto, irán cosidos los recuerdos de esos transportistas que ya no están entre nosotros, de aquellos que ya gozan de su divina presencia, de los que ya viven en un eterno Domingo de Ramos y no necesitan de papeleta de sitio alguna ni de cualquier protocolo para permanecer por siempre a su vera, porque para eso fueron llamados por el Padre.La túnica mercedaria de sus hijos también con Ella se hará blasón y seña de identidad. Bajo la sarga de los antifaces la emoción será capaz de sacar de las escombreras de las entrañas todo lo que llevamos dentro para hacernos partícipes de las duquelas de nuestra Madre. A los compases de ‘¿Quién te vio y no te recuerda?’ pasará entre calles y plazas robando piropos y requiebros como sólo Ella sabe hacerlo.

Y es que hoy es Domingo de Ramos y hoy sale La Reina del Transporte.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios