Entre paréntesis

Rafael Navas

rnavas@diariodejerez.com

Indolentes

Decía hace una semana en estas mismas páginas el siempre acertado y prudente Atilano Pacheco, parte del alma de 'La Moderna', que veía a Jerez como una ciudad "un poco indolente". Viniendo de alguien con su educación y cultura, que se sitúa todos los días al lado de una barra a escuchar a todos y de todo, y que llega cada día al trabajo con el Diario leído hasta la última página, es de tener en cuenta. Y hacía tiempo que no se escuchaba en boca de una persona tan conocida la palabra indolencia. Tal vez porque la indolencia que efectivamente existe en Jerez es de tal nivel que hasta produce indolencia referirse a ella. O, dicho de otra forma,estamos ante una ciudad que se queja hasta de que no se queja.

Ese lamento permanente que existe en Jerez luego no se refleja en la manera de actuar de la gran mayoría (nunca se puede generalizar) de las personas. La ciudad entró hace ya tiempo (no le vamos a echar en este caso la culpa al coronavirus) en estado anestésico y ahí sigue. Primero fue porque las cosas iban bien y ya se sabe que cuando todo va bien nadie se queja. Y después, cuando llegaron las crisis, un poco de cara de mosqueo para la galería y poco más. Ahora, como además estamos todos pendientes de quién lleva mascarillas y de cómo vamos a salir de ésta, pues más de lo mismo. Hay miedo al miedo y eso es más caldo de cultivo para la indolencia reinante porque con el virus la escala de preocupación ciudadana ha cambiado, lógicamente, por supuesto.

Atilano ponía como ejemplo el silencio de los jerezanos ante el robo hace años de la máxima enseña de la ciudad, el Pendón, del que no se ha vuelto a saber, y decía que esto no pasa en ninguna parte del mundo. El Pendón no va a dar de comer a nadie, está claro, pero la indolencia/indiferencia/ignorancia que se produjo tras su extraña y nunca explicada desaparición es todo un síntoma. Hay miles de ejemplos a diario, miles de 'pendones' perdidos, que demuestran que la mayoría de los jerezanos no reaccionan mínimamente cuando pierden algo que es suyo.

Vivimos en una sociedad (en general, no sólo en Jerez) donde la crítica se hace desde el sofá con la tarifa plana y las redes sociales, la mayoría de las veces desde un supuesto anonimato. Se critica todo, a todos, por todo, a base de clics en una pantalla (lo de la ortografía que retrata al autor lo dejamos para otro artículo) pero luego no se hace nada más. Y no hablamos de que la gente se eche a la calle todos los días a defender sus derechos, su patrimonio, su calidad de vida... su ciudad en definitiva. Se trata de tomar conciencia y actuar desde muchas maneras diferentes. El asociacionismo, sin ir más lejos, ha dado muchos pasos atrás en Jerez el último cuarto de siglo. El egoísmo, el individualismo y el mundo virtual en el que viven miles de personas tienen culpa de ello, unidos a un creciente desconocimiento de nuestra historia y hasta de lo que realmente pasa cada día, que no es lo que aparece en unas redes sociales que nacieron para unir a las personas pero que, paradójicamente, también las aíslan más y más. Así que cabría concluir que lo único que le duele a mucha gente en estos últimos tiempos es el dedo.

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