La columna

Bernardo Palomo

Impuesto estival

FIN de semana primero de julio. Los primeros veraneantes se encuentran en un Valdelagrana con unas rayas que, a la postre, le van a costar ocho euros al día. No se pueden ustedes imaginar los comentarios, con razón, de la gente sencilla que coge las sombrillas y las fiambreras y se dirige a pasar un día de playa. Llevan toda la razón, un día de playa que es lo que necesitan después de los recortes de don Mariano y que encima te cuesta casi un billetito rojo de impuesto municipal; y todo porque al edil de turno se le ocurre que, probablemente porque se lo dictan, hay que sacar dinero de donde sea.

El domingo pasado, a pesar del levante, las playas estaban a lo que las rayas naranjas dictaban; rayas naranjas imposibles que recordaban los días de abiertos espacios donde todo era posible. Ahora los domingueros que llegan a las playas portuenses tienen que tener cuidado después de dejar el coche porque se pueden encontrar con la gracia exquisita de que tengan una denuncia por mal aparcamiento. Así es cómo se consigue que los ciudadanos planteen sus fórmulas ciudadanas.

Una ciudad como El Puerto tiene que tener en cuenta el tiempo donde transcurre una vida con mucha necesidad. El otro día cuando fui a sacar el papelito naranja había muchos ciudadanos residentes de toda la vida que se tiraban de los pelos, por mor de la tarjetita naranja.

Y es, que en este periodo de escasez no hay que amargar a los que no tienen la culpa de nada.

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