A nadie le gusta pagar impuestos. Pero desde que la mentalidad socialdemócrata se consolidó en el Occidente desarrollado tras la Segunda Guerra Mundial -como forma eficacísima de contrarrestar la amenaza comunista- ha sido aceptado como un mal necesario para mantener una sociedad del bienestar convertida en uno de los mayores logros de la humanidad a lo largo de su historia. Siempre la izquierda ha tirado hacia una mayor carga fiscal para asegurar un acceso lo más igualitario posible a servicios públicos de alta calidad y la derecha quería bajarlos para que el dinero estuviese en el bolsillo de los contribuyentes y fueran ellos los que eligieran qué educación o qué sanidad se querían pagar. El problema ha sido -de eso los españoles en general y los andaluces en particular sabemos bastante- cuando la carga impositiva ha ido subiendo mientras los servicios públicos se deterioraban y cuando los ciudadanos veían una enorme maquinaria burocrática que consumía ingentes cantidades de dinero a cambio de una contumaz ineficacia.

Algo de eso pasaba en Andalucía. De ahí el éxito, no sólo propagandístico, que ha tenido el anuncio del nuevo Gobierno andaluz de que se bajan los tributos que gestiona la comunidad autónoma, que se habían convertido durante el largo mandato socialista en la Junta en unos de los más altos de España. En Andalucía había un segmento de población de rentas altas que consideraba que el sistema impositivo regional rayaba lo confiscatorio y cambiaba su domicilio fiscal a Madrid y un amplio sector de la clase media que mantenía su domicilio fiscal pero que creía que lo que pagaba no se correspondía con lo que recibía. La región tenía, hasta hoy mismo en que las nuevas medidas han entrado en vigor, una de las presiones fiscales autonómicas más altas de España. ¿Se correspondían esos impuestos de más que se pagaban con mejores servicios en Andalucía que en el resto de España? Parece que los andaluces decidieron en las últimas elecciones autonómicas que no. Porque la rebaja de impuestos -masiva según el discurso oficial- fue prácticamente con la única promesa con la que el PP, también Ciudadanos, hizo su campaña para el 2 de diciembre. El resto fue centrar los disparos en el deterioro de los servicios públicos y en desgastar la figura de Susana Díaz.

Parece, por lo que pasó, que los impuestos no eran tema menor para los andaluces. De hecho, la bajada impositiva ha sido la acción de gobierno que, mal que bien, justifica los cien primeros días del cambio.

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