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Investir o no

Recordemos que el señor Rivera no tiene obligación alguna de facilitar la investidura del señor Sánchez

Se acerca la hora de la investidura, y como era de prever, aumenta el número de peticiones para que el señor Rivera se abstenga y facilite el Gobierno del señor Sánchez. A favor de tal posibilidad se encuentran quienes creen que dicha abstención libraría al Gobierno, y a la propia nación, del peso y el chantaje de los nacionalismos patrios. En contra, quienes no acaban de fiarse del señor Sánchez, habida cuenta su notable ductilidad política. El caso es que el señor Rivera no parece proclive a laurear a nadie distinto de sí mismo. Y tampoco el señor Casado acaba de mostrar el entusiasmo debido. De modo y forma que es posible una nueva convocatoria electoral, siempre que el PSOE no encuentre un último acomodo -poco probable, la verdad- entre Podemos y alguna de las fuerzas disolventes que hoy vivaquean por la Cámara Baja.

¿Por qué el señor Rivera no quiere facilitar el Gobierno del PSOE? Recordemos, en primer lugar, que el señor Rivera no tiene obligación alguna de facilitar la investidura del señor Sánchez. Y ello por las mismas razones que el señor Sánchez no tiene por qué pactar con el pintoresco conglomerado de siglas que lo llevó al Consejo de Ministros. Uno y otro están jugando sus respectivas bazas políticas sobre el cuerpo expectante -y un poco fatigado- del electorado. El señor Rivera quiere poner al señor Sánchez en la tesitura de pactar con los golpistas o convocar elecciones. Y el señor Sánchez quiere demostrar que, si pacta con los golpistas o convoca elecciones, es culpa exclusiva del señor Rivera. Con lo cual, si el señor Rivera parece minusvalorar su influjo en el futuro gobierno Sánchez, el señor Sánchez no acaba de calibrar los enormes beneficios de zafarse del corsé nacionalista/populista que hasta ayer mismo lo atenazaba. ¿O sí? De fondo, probablemente, no hay otro asunto que la posibilidad de crecer, tras unas nuevas elecciones. De crecer a costa de Podemos, en el caso del PSOE, y de aumentar su posición de fuerza -Cs- ante el Gobierno Sánchez que saldría tras las urnas.

Entre medias, y según los cálculos improvisados que expongo ante ustedes, Ciudadanos habría alcanzado la estatura deseada (madrugando a Vox y PP), mientras que Podemos sería la miniatura que codicia el PSOE. Se trata, pues, de un último atornillamiento electoral, en busca de una hegemonía de centro-izquierda. Ahora bien, ¿es esto así, en realidad? ¿O sólo nos hallamos ante una ante una tediosa y errónea pérdida de tiempo? No tardaremos en saberlo.

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