Irretroactividad radioactiva

La retroactividad de la ley penal más beneficiosa, usada imprudentemente, es material radioactivo

Nadie tenía ninguna duda de que Pedro Sánchez iba a hacer cabriolas para cumplir con ERC. Quedó claro en la sesión de investidura. Eso, siendo los líderes de ERC unos delincuentes condenados en firme por el Tribunal Supremo, reviste (hablando de investiduras) una gravedad objetiva. Pero aún se podía empeorar y, si son ciertos los indicios, Sánchez lo va a empeorar. ¿Cómo? A través del método elegido.

En vez de concederles directamente el indulto, para no arrostrar la vergüenza de hacerlo, va a rebajar el tipo legal de sedición mediante una reforma del Código Penal. De esa forma, por el principio de ley penal más beneficiosa, se aplicará la rebaja retroactivamente a Junqueras y los demás miembros de la banda, que saldrán a la calle liberados. ¿No es ese un medio como cualquier otro, y hasta más ingenioso, si cabe?

No. Es un truco de trilero que quiere despistar a la opinión pública con un "¿dónde está la bolita?" de manual. El indulto se vería demasiado. Este indulto por carambolas marcha atrás podría pasar más disimulado. Pero el precio para el sistema es altísimo.

Se subvierte el espíritu de las leyes, nada menos. La ley (y una ley tan sensible como el Código Penal) tiene que ser, por propia naturaleza, general. Aquí se estaría legislando para hombres concretos con nombres y apellidos. Además, en evidente fraude de ley: pues la intención de la reforma no sería afinar el Código Penal, sino agujerearlo. Pensará Sánchez (o Redondo o quienquiera que piense allí) que está escurriendo muy grácilmente el bulto del indulto, pero está erosionando la democracia y sus instituciones más sagradas. Luego vendrán endiñándonos desdeñosas lecciones democráticas…

Como si fuera poco, también debilita al Estado. Por una necesidad puntual y perentoria de Sánchez se descafeína un tipo penal necesario para la defensa del Estado de Derecho. Quien en campaña prometía a diestro y siniestro endurecer la ley, la reblandece a las primeras de cambio, y nos deja mucho más inermes.

Por último, transmite la idea de que la voluntad de poder se impone a los límites de la legalidad y que, para una cintura maleable y un puño de hierro, no hay contrapeso del Estado que se resista. El positivismo ¿era esto? La desconfianza político-jurídica que se genera irá calando en el subconsciente de la nación y, cuando nos queramos dar cuenta, apenas quedará la cáscara hueca de una democracia palabrera y falsa.

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