Jerez íntimo

Marco Antonio Velo

marcoantoniovelo@gmail.com

Jerez, el aburrido, una Comunión y los Antonios

Alfa: El aburrimiento -una existencia sin chicha ni limoná ni puntos cardinales- es como el Saturno que devora a quien lo padece. Jamás entendí al aburrido precoz que resta y no suma, al aburrido de moralina chusca (quien a más inri vegeta en las lindes de la insatisfacción personal o en la protesta del rictus mohíno de un cabreo crónico que en puridad se traduce en resentimiento social. Y ya sabemos que el resentimiento desmorona la paz interior, empequeñece, es antievangélico y además convierte en marioneta de la ridiculez al portador de su virus maligno). Al desocupado por sistema se le nota a leguas las incapacidades para otros menesteres: una merma que además lo sitúa en la obsesión compulsiva por alcanzar un cargo de medio pelaje en tal o cual entidad -a la que procura machacar en loor de su ombligo sin respetar los mínimos códigos no ya de civismo sino de educación-. Suele ir de enterado al modo del tipo costumbrista de la célebre chirigota del gran Selu de Cádiz -pero en versión malaje, sin gracia ni sentido del humor- y pretende bronquear pero siempre en el cobarde contexto que le asegure los vítores de dos o tres palmeros de ocasión. Es su modo de autorealizarse. De existir. A solas nunca fanfarronea. No sabe de la misa la mitad -como así la letra barroca en voluta de prodigio de Rafa Serna (que ahora es ángel querubín en un edén de Esperanza)- . El aburrido de mala baba supo ganarse por deméritos su demasiado tiempo libre en tanto éste es el resultado de la propia inoperancia y, a qué ton negarlo, de la vagancia. O de la inadaptación. Nunca tuvo mando en plaza -aunque asfixiadamente, con desespero, lo intenta durante décadas- y sale escopeteado de todos sitios: dícese peña, coro, asociación y un largo y cálido etcétera (no precisamente como los tres de don Simón que escribiera José María Pemán). El aburrido resentido oxida, malmete, susurra, murmura, flojea. Huye y rehúye del esfuerzo profesional. Es como un Jaimito talludito -un adulto infantiloide- que jamás va de la Ceca a la Meca o de Pinto a Valdemoro: más bien al contrario: su radio de acción se reduce a un hábitat de pocos metros a la redonda para tampoco cansarse en exceso. El espejo deformante del callejón del Gato -¡puro esperpento valleinclanesco!- lo muestra a los demás como un pobre diablo: valga decir: la antítesis de la consideración que el aburrido de horas muertas posee de sí mismo. Sus enfados enmascaran un fracaso solidificado de desasosiego. No ponga usted, lector, un aburrido en su devenir cotidiano. Es un regalito de pastosa celosía. Vade retro. Si por el contrario, de manera involuntaria, le ha tocado uno en infortunio, rece cristianamente por él. Una vida es un regalo del Señor que jamás debe ser desaprovechada de modo tan estéril.

Beta: Una alegría sin parangón contar con grandes amigos-hermanos, como así acuña con acierto Antonio Padillo. Dos anotaciones al hilo de dicha definición. Primera: felicísima jornada de Primera Comunión anteayer sábado de los niños Ernesto y Fede Romero Rozadillas. "Estos días azules y este sol de infancia", que cantara Antonio Machado. ¡Enhorabuena a sus padres Queca y Ernesto por tantísimo cariño desprendido en los detalles de la organización! ¡Cómo sonrieron, complacidos, los abuelos de vuestros hijos desde lo barandales del cielo! ¿Acaso no detectasteis la presencia de ambos más allá de lo puramente visible de la Capilla del Voto? Segundo: Mi felicitación, ayer domingo, para Antonio Márquez, Antonio Padillo, Antonio Arcas, Antonio Aguilar, Toñi Lozano, Antonio Guerrero, Antonio Millán Cachero, Antonio Millán Garrido, Antonio Rodríguez Liaño, Antonio Gómez Márquez, Antonio Jesús Gómez Salazar, Antonio Montoro, Antonio Ballesteros, Antonio Moure, Antonio Montero, Antonio de la Rosa, Antonio Saldaña, Antonio Soto, Antonio Real, Antonio Jaén, Antonio Valderas, Antonio Lozano, Antonio Mariscal, Antonio Jesús Jaén Rojas, Antonio Torrent, Antonio Vega Alonso, Antonio Bonilla…

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