Jerez íntimo

Marco Antonio Velo

marcoantoniovelo@gmail.com

Jerez: ciudad natal, Millán, Eguileta y ‘Rigoletto’

Alfa: La ciudad natal tiene algo de atajo de la propia sangre. En la ciudad natal late más la coyuntura que la deserción. En la ciudad natal no existen los almacenajes de la mudez. La ciudad natal pasa de la desgana a la intrepidez según las azarosas fábulas del imaginario colectivo. La ciudad natal es un útero urbano que intercepta fetiches corporativos y que indistintamente restaura –o no- tiempos trabados. La ciudad natal persiste aunque no resiste. La ciudad natal siempre se muestra primigenia porque jamás finge el azar de su descreencia. La ciudad natal disputa sus bazas entre el esnobismo y el chovinismo (dos comezones de la vida disoluta).

Para calibrar con objetividad el equilibrio o desequilibro del futuro de tu ciudad natal debemos desposeernos de lo intrínsecamente castizo. Desdecirnos a veces de nuestras mismas señas de identidad. Y someternos a la radiografía de la intemperie. Ya dijo Ruskin que “en la proa del barco está el don de otro mundo”.

Entre el pasado y el porvenir emerge la perspectiva. A veces lo ortodoxamente jerezano no estriba en lo etéreo sino, ya digo, en la perspectiva. Sobre la perspectiva se desliza el criterio técnico y el (convergente) proyecto de ciudad. En estas disquisiciones anduve inmerso hace unos días mientras me batí en caminata que rebasó los 7.000 pasos. Caminata a paso de agua y no paseo al ralentí (no confundamos las churras con las merinas).

Beta: Asisto este pasado martes a la toma de posesión como Académico Correspondiente del amenísimo Javier Jiménez López de Eguileta. Antes y después de la sesión académica saludo, entre otros, a Paloma Ruiz Vega, Alberto García de Luján, Felipe Morenés, Manuel Fernández GarcíaFigueras, Ángel Hortas… Y a dos ex Hermanos Mayores del Santo Crucifijo de la Salud: Juan Medrano Reinoso y José Miguel Merino Aranda. Y a los también cofrades de San Miguel Juan Ruiz Pérez, José Gallego Márquez y Antonio Jaén Galloso. Tomo asiento, bolígrafo en mano. La temática elegida por Javier prometía jerezanismo cultural de quilates.

Estarán de acuerdo conmigo Eugenio Vega Geán, Andrés Luis Cañadas, Juan María Vaca y Francisco A. García Romero.

El nuevo académico diserta sobre ‘Los amigos de la Biblioteca de la Colegial (1935-1936). La oportunidad perdida’. Los minutos pasan volando, como un amén al unísono. La ponencia alecciona. Javier –“hombre de archivo, obrero de la Historia”- abre el tarro de las esencias y da lo mejor de sí mismo. Su dicción es un banderín de enganche. La investigación da lustre a la palabra. La concurrencia disfruta.

¿Cierto, Joaquín Ortiz, Enrique Orellana, Nuria Guerra, Lorenzo Díez Romero-Valdespino? Regresan a la actualidad nombres y apellidos del Jerez de entonces: Teodoro Molina Escribano, Josefina Díez Lassaletta, Juan Díaz de la Guerra – jerezano, obispo de Mallorca y de Sigüenza-, Tomás García Figueras, Salvador Díez y Pérez de Muñoz, Hortas Cáliz o el destacadísimo representante de la prensa jerezana Luis Cruz Pérez, quien firmaba como ‘Rigoletto’. Por cierto, y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, con la mano en el corazón deseo la más pronta y rotunda recuperación al ejemplarísimo cofrade Luis Cruz de Sola. Estos días anda sumido en ese burocrático trámite de la salud -¡cuestión de días!- que damos en llamar convalecencia.

Gamma: Conste en acta periodística la felicitación del respetable público por la buena nueva que nos trae entre manos –o por mejor decir pendiendo del cuello a modo de medalla- el ilustrísimo por partida triple o cuádruple…

Antonio Millán Garrido. El académico de varias Reales Academias de España fue protagonista el pasado 30 de enero del acto de recepción como Académico Honorario de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de Granada. ¡Vuecencia sí que vale, amigo Antonio!

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