La NIcolumna

Nicolás Montoya

Listas tontas

ENTRE parados, desempleados y solicitantes de empleo nos estamos comiendo todo el marrón. En situaciones como la actual, es cuando echamos mano del best-seller por excelencia como es la Biblia: la alegría de palabras de consuelo que nos hace acudir a agarrarnos a cualquier salvavidas con tal de sentirnos a flote y alejados de cualquier peligro. Y no digamos los impotentes, que somos el hazmerreír de mucha gente y además estamos en medio de la tormenta sin un buen palo donde agarrarnos y sin soluciones para cuestiones tan importantes como ésta. Porque lo que verdaderamente tiene importancia es la fatiga mensual que se está instalando en nuestros hogares para llegar a fin de mes, o la interrogante permanente sobre las razones reales de los malos tratos, y la maldad escondida en muchos gritos o malos tratos que vemos a nuestro alrededor.

Por el contrario, mientras tanto, esta semana lo que parece importante son los graffitis de alcaldes perpetuos, las rencillas entre compañeros para ir en las listas o las zancadillas para que las campañas electorales no sean limpias. O es fruto de la resaca de los residuos dejados por los "protas" de San Antón o es que, a las puertas de San Valentín, se nublan los sentidos y se sigue pensando con los pies.

O cambia el color de nuestras neuronas o seguiremos gobernados por egoístas pendencieros y narcisistas que solo buscan su beneficio sin importarles el futuro de nuestros hijos. Las sedes de los partidos son, estos días, el mejor ejemplo de lo que se cuece entre bastidores. Huelen a chamusquina, saben a fermentos ácidos vomitados y son un atentado a la dignidad. El mundo no se merece pertenecer a nadie en propiedad. Ni nosotros nos merecemos que se apropien de nuestras ilusiones sin nuestro permiso. Sólo la verdad y el beneficio para nuestro entorno explicarían todo, pero por desgracia la mayoría se olvida que los sentidos los tenemos para disfrutar. Una lágrima es tan fácil de secar con el beso de unos labios que como sucede a menudo, ya nadie besa por amor, solo por interés. O sea que estamos rodeados de Judas.

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