No había sitio para todos. Los cohetes espaciales suelen tener las plazas contadas y por eso a la Luna nada más que pudieron subir tres personas. El resto de la Humanidad, a pesar del gran paso que estaba dando aquel día, tuvo que conformarse con verlo por la tele. Y ahora que se cumplen cincuenta años han vuelto a hablarnos del gran acontecimiento que supuso entonces, pero también de las dudas que hoy sigue suscitando una odisea espacial que para muchos no fue más que un montaje terrenal rodado por Stanley Kubrick en un decorado de cine.

Esto sería terrible porque, si nos tangaron con la llegada a la Luna, ¿quién pone ahora la mano en el fuego por otras imágenes que consideramos verídicas? ¿Asesinaron realmente a Kennedy en Dallas o se quitó las manchas de tomate y se fue a vivir de incógnito a Tánger? Y Marilyn, ¿era de verdad una estrella de Hollywood o se trataba de una simple impostora interpretando el papel de estrella de Hollywood?

Ya puestos, ¿por qué no vamos a dudar del gol de Iniesta en los mundiales? Quizás la victoria de la selección española en esa final no fuera más que un rodaje de José Luis Garci para contentar a un país sumido en la crisis económica. Tal vez la explosión de Hiroshima la filmaron en Almería, tal vez el golpe de Estado de Tejero…

¿Acaso hoy no podemos estar siendo víctimas de otras conjuras televisadas? Si, como malician algunos, Neil Armstrong tenía de astronauta lo mismo que Marlon Brando, a lo mejor el independentismo catalán no se inspira tanto en ideas políticas como en la vis cómica de Mary Santpere. Y quién sabe, puede hasta que la vicepresidenta del Gobierno, cuando dice esas estupideces que la caracterizan, solo esté cumpliendo con las exigencias de un guion. Como no nos vamos a pasar la vida con la mosca detrás de la oreja (pues ni siquiera Descartes era tan imbécil de aplicar la duda metódica cuando se estaba comiendo un filete); y como tampoco vamos a estar comprobando empíricamente si el ornitorrinco existe en realidad, lo más cómodo será confiar en lo que digan las enciclopedias, los mapas y algunos libros de Historia.

El error no está en dudar, sino en lo que se da por cierto luego. El nuevo escéptico, por sus fuentes de información digitales, es de una bipolaridad alarmante, ya que va con pies de plomo para creer, por ejemplo, a un médico cuando recomienda vacunarse, pero luego se traga alegremente lo que le cuele un curandero que vaya por ahí llamando mafiosos a los médicos, y todo porque no quieren reconocer los poderes curativos del agua imantada.

De ahí que lo más razonable sea dejar un margen para la duda, pues hay mucho embustero suelto, pero por favor, si es usted de los que creen que a la Luna no llegó nadie hace medio siglo, no venga luego con que las pirámides las construyeron unos extraterrestres. Por esa regla de tres, lo lógico será creer que las construyeron, no unos alienígenas hacendosos, sino unos levantadores de piedras de Lekeitio.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios