El cuentahílos

Carmen Oteo

Lunes Santo

CON la Semana Santa tengo sentimientos encontrados porque hay cosas de las Hermandades y procesiones que detesto y que a veces consiguen anular a aquellas otras que me interesan realmente.

Algunas Uniones de Hermandades de ciudades andaluzas se han negado a llevar el lazo blanco, que la propia Iglesia les pedía como símbolo frente al aborto, alegando como motivo su firme voluntad de no politizar las procesiones. Para no suscitar equívocos han emitido manifiestos sonoros y comprometidos contra el aborto.

¿No será que a quién no se quiere incomodar, ni tan siquiera con un lazo blanco, es al poder político, que unas veces subvenciona, otras regala suelo para casas de Hermandad y a veces hasta da trabajo a los cofrades? A este paso no es de extrañar que se terminen creando Hermandades aconfesionales y acomodaticias para no molestar a los políticos.

Yo les pediría a los políticos que no presidieran oficialmente las procesiones, ni jugaran con lo sagrado y a las hermandades que no cedieran tan complacidos sus honores y responsabilidades a los políticos de un Estado que se define como aconfesional. Los políticos podrían eso sí a título particular y como cualquier cristiano acompañar a sus imágenes y dar testimonio de su fe, faltaría más.

Alguna vez he jugado con la imaginación, pensando qué sentiría si llegase a Jerez de muy lejos, y por vez primera, un Lunes Santo como este. Bajo un naranjo cualquiera vería pasar la tarde y las procesiones y la gente y los puestos ambulantes. Al descubrir al Cristo de la Viga me sobrecogería y ya no podría ver más nada.

Pero no es así, no vengo de lejos y este Lunes Santo, como todos los demás, mi madre, "siempreviva" como las flores que forman el monte del paso del Cristo de la Viga, lo acompañará y pondrá a sus pies los cardos que la vida le haya puesto este año en el camino. Calladamente me sobrecogerán y no podré ver más nada.

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