Mientras que el presidente francés, Nicolás Sarkozy, y la mayoría de líderes europeos intentan convencer a la canciller alemana, Angela Merkel, para que, además de buscar un gran acuerdo fiscal y exigir una férrea disciplina presupuestaria, permita al Banco Central Europeo (BCE) comprar toda la deuda soberana que haga falta para retraer a los especuladores, los datos del paro registrado de noviembre en España arrojaron casi 60.000 parados más -310.000 más que en noviembre de 2010-, otro récord histórico, y la Seguridad Social, de lo poquito saneado que nos quedaba, está a punto de quedarse sin superávit. Pongo en paralelo estas dos realidades para que podamos apreciar con total claridad algo que parece más que evidente a medida que pasan los meses, sobre todo en España: el estrangulamiento de la economía a base de recortes para mejorar el déficit sólo está trayendo más desempleo, más infelicidad. La receta del Merkozy, forjada a fuego lento bajo el liberalismo más rancio, ha metido a la Unión Europea (UE) en recesión, y eso, en nuestro país, se va a traducir en más paro durante 2012 (y lo que te rondaré morena).

¿Cabe una alternativa a la versión patriótica del sangre, sudor y lágrimas que entonó Churchill en la II Guerra Mundial y que ahora repiten Merkel y Sarkozy cada vez que quieren refundar el capitalismo, Europa…? Por supuesto, políticas económicas anticíclicas que faciliten la creación de tejido productivo y que relancen el consumo. En definitiva, la reaparición del Estado para poner en su sitio a unos mercados que están haciendo suculentos negocios sobre la ruina de más y más paro. Porque a base de recortes y más recortes parece que pronto vamos a superar los cinco millones de parados que han llevado a Rajoy y al PP al Palacio de La Moncloa y que, lógicamente, pasarán a ser de su enterita responsabilidad. Para eso lo han votado los españoles. Y ya no valen las bromas, ya no se admiten vainas propagandísticas. No tiene ninguna gracia escuchar, por ejemplo, a un diputado popular comentar en estos días previos a la investidura de Rajoy que la bajada de la prima de riesgo de la semana pasada se debía a unas oportunas llamadas telefónicas realizadas por el presidente electo, y no a la intervención de los bancos centrales. ¿No quedamos en que no habría ni milagros ni varitas mágicas? Ahora y antes, el paro urge más que el déficit. Porque se le puede poner cara, la cara de desesperación, infelicidad y miedo de todos aquellos que lo sufren, con sus familias, sus hijos, todos los días del maldito mes.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios