La esquina

josé / aguilar

Mariano se agarra a la crisis

EL insospechado cesarismo de Mariano Rajoy, el miedo que atenaza a todo el PP tras las últimas elecciones y el hecho objetivo de que éste sería el peor momento para dirimir las diferencias internas y hacer cambios se aliaron para que la reunión de la Junta Directiva Nacional del partido se convirtiera en un mitin de adhesiones inquebrantables -de esas que se quebrantan en cuanto hay un tropiezo-, ovaciones reiteradas y enmudecimiento de las discrepancias.

La Junta Directiva Nacional debería perder de inmediato sus pomposas mayúsculas, completamente incompatibles con su real transformación en cónclave de altos cargos dedicados a romper los registros del aplausómetro, agradecer que el Líder marque el rumbo sin titubeos y recibir las consignas de rigor para repetirlas en sus lugares de origen. Ni una sola voz disidente. Qué digo disidente: ni una sola voz con matices, grises o leves disonancias. Lo que diga Mariano.

¿Y qué dijo Mariano? Pues que el Gobierno va muy bien, que el Partido Popular va muy bien, que hay que sepultar esos debates que interesan a veinticinco y que hay que centrarse en la recuperación económica, cuya consolidación en los próximos meses hará que se ganen otra vez las elecciones y que los españoles renueven su confianza en un partido serio en vez de jugar a la ruleta rusa yéndose con esos partiditos emergentes sin experiencia.

Rajoy hace una apuesta peligrosa. Atribuye la desafección ciudadana hacia el Gobierno y la pérdida acelerada de prestigio de la marca PP a una sola causa: la crisis económica. Esta lectura unidimensional le lleva a pensar que la salida de la crisis será el bálsamo que cure todas las heridas y que si hay algunas que no se curan (el malestar por los recortes, la indignación por la corrupción, el rencor por los sacrificios desiguales) los electores les castigarán en las elecciones autonómicas y municipales, pero les amnistiarán en las generales, que son las más trascendentales y las más propiamente suyas (de Mariano).

Me parece peligroso este pensamiento, ya digo. Se dijo de las europeas de 2014 que los votantes se habían permitido darle un cosqui al PP porque eran irrelevantes. Ahora se pretende decir lo mismo de las andaluzas y se pregona también, antes de tiempo, de las locales y autonómicas. ¿Y si no estamos ante castigos parciales, avisos y reprimendas aisladas, sino ante un castigo general infligido a plazos pero inexorable? Qué miedo, Mariano.

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