POSIBLEMENTE, lo mejor que podría ocurrir a las relaciones entre España y Marruecos es que los ciudadanos de nuestros vecino del sur alcancen un día los mismos niveles de bienestar político y económico del que se goza en la Unión Europea. Ése fue el espíritu que presidió ayer en Granada la primera cumbre bilateral entre Marruecos y la UE. Progreso económico, y también político, de ahí que sea conveniente resaltar las palabras del presidente de la Unión, Herman van Rompuy, al solicitar mayores avances en el respeto a los derechos humanos en Marruecos en presencia de su primer ministro, Abbas el Fassi. Y, posiblemente, la mejor forma de que Marruecos inicie esa andadura es que se sienta respaldado por la Unión Europea y por España. La cumbre de Granada ha sido la primera que se celebra con un país árabe, vecino de España y socio imprescindible de nuestro país en asuntos como la inmigración, el terrorismo o el narcotráfico. Marruecos, no obstante, debe comprender que cada paso que dé hacia una futura incorporación en un mercado único con los países europeos es que mejore su nivel democrático. Pero tampoco se le puede exigir a Marruecos cambios urgentes que ni siquiera se plantean en la mayor parte de los países musulmanes. El conflicto del Sahara o las inevitables tensiones que acarrean en nuestro sector agrícola el acuerdo preferente con este país no deben ser obstáculos insalvables para convertir a Marruecos en uno de los principales socios de la Unión Europea y de España. En la cumbre de Granada se ha hablado de todo, incluso de los temas más espinosos, como el del Sahara o de los derechos humanos. Su rey, Mohamed VI, se pronunció ayer a favor de una amplia autonomía para los antiguos territorios españoles sin renunciar a la marroquinidad del Sahara. Es su posición, no muy lejana ya de la que buscan las Naciones Unidas, que se conformarían con un acuerdo entre las partes. No es cierto que la cumbre con Marruecos consolide la práctica de las violación de los derechos humanos, como ayer gritaron algunos manifestantes en Granada, sino todo lo contrario: es un paso más, en forma de ayuda, para que los gobernantes de este país comiencen, realmente, a cambiar.

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