Solo en una residencia de mayores de Jerez han muerto en torno a 20 per-sonas por COVID-19. Según fuentes fiables, en el conjunto de España han sido cerca de 20.000 personas y, lo peor, muchas de ellas no tuvieron la atención debida. Por otro lado, se da la circunstancia de que en España el 75% de las residencias de mayores son privadas (en Madrid el 88%) ¿Algo que ver? En ámbitos financieros europeos se considera que el sector de los mayores en España tiene una alta rentabilidad y un gran potencial de crecimiento en los próximos años. La mayoría de las residencias españolas pertenecen ya a grandes grupos de inversión - franceses e ingleses sobre todo -, a potentes empresarios españoles - algunos relacionados con el fútbol y otros con las tramas Púnica y Gürtel - y a fondos buitre que van entrando. Negocio.

Lo que debería ser solidaridad y justicia con los mayores se ha convertido en fuente de beneficios que se consiguen a costa de bajar gastos, sobre todo, dejando el personal bajo mínimos. La COVID ha quitado la máscara al negocio. Además, aplicando lo de que la oferta vaya siempre por debajo de la demanda, se deja a la mayoría de potenciales usuarios fuera del sis-tema de atención. Solo un 15% de los pensionistas españoles tiene una pensión superior a 1500 €, coste estimado de una plaza en residencia. El resto - si la familia no puede, que muchas veces no puede - no podrá reci-bir atención en residencias, salvo en las escasas públicas. Y qué triste que te pongan en lista de espera cuando ves el final, que no espera.

Hay que decidir qué queremos para nuestros mayores. O almacenarlos y mirar para otro lado - de la "gerontofobia" al "gerontocidio" - o reconocer que se merecen una etapa final de calidad y no ser material de negocio. Seguiremos hablando.

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