yendo al grano

Víctor Cantero /

Merkelmanía

O cómo explicarse lo que a todos nos sorprende. La reciente visita de Angela Merkel a España además de levantar pasiones y controversias, ha dejado muy clara una cosa: que esta señora es de armas tomar y que su capacidad de liderazgo europeo es incuestionable. Pero el protagonismo que la canciller alemana ha adquirido en los últimos años se debe a su peculiar modo de imponer la austeridad como principio básico de toda acción de gobierno. Hablamos de un estilo muy propio a la hora de pautar el quehacer político de otros responsables y gobernantes en la UE. Y en este caso nunca mejor dicho aquello de que "conocido el humo, se sabrá donde hay fuego". Ella impone rigor y austeridad en las finanzas públicas, y de raza le viene al galgo. Hija de un pastor luterano, encargado de una parroquia en una pequeña población de la Europa del Este, Merkel supo desde niña lo que era vivir en austeridad y tener que acostumbrase a pasar con lo indispensable. De aquí que hoy en día- y que tome nota Rajoy- ella no viva en el palacio de la Cancillería de Berlín, sino en un modesto apartamento en alquiler ubicado a pocos metros de la sede del Gobierno. Ella vivió en sus carnes la penuria económica y la falta de libertades de la antigua RDA: ella, al ser un cerebro privilegiado, fue vigilada muy de cerca por la Stasi, ella supo de los esfuerzos y sacrificios que tuvo que hacer la población alemana tras la caída del muro de Berlín y la unificación promovida por Helmut Kohl. Aquí residen alguna de las claves para comprender su modo de entender y de hacer política, sus exigencias para fortalecer a la Europa del euro, sus quejas sobre el despilfarro de las ayudas comunitarias por parte de los socios del sur, sus continuas demandas de cumplimiento del objetivo de déficit a España e Italia. Antes de hablar se predica con el ejemplo, de aquí dimana su determinación, su pulso siempre firme, su ausencia de paños calientes, su oposición a que los euros alemanes sirvan para financiar a países que no saben administrarlos. Menos hablar del milagro alemán, de la locomotora germana y más aplicarse el cuento. Esta visita nos ha servido de espejo de saber lo que nos hace falta para evitar que nuestros socios europeos nos sitúen en el furgón de cola.

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